Hoy en día, los robots ya no trabajan de forma aislada. En fábricas, laboratorios o entornos logísticos, cada vez es más común que varios robots, sensores y aplicaciones digitales donde se registran datos colaboren entre sí.
Para que esto funcione de forma coordinada, hace falta algo invisible pero fundamental: una forma fiable de comunicación entre todos esos sistemas.
En el proyecto ARISE, ese papel lo desempeña nuestro middleware o software intermedio, que facilita la comunicación entre robots, sensores y plataformas de datos para que puedan hablar el mismo idioma.
ARISE Middleware
Uno de los objetivos del proyecto es conectar lo que ocurre en el mundo físico (robots, sensores, máquinas) con el mundo digital (plataformas de datos y aplicaciones).
En ARISE se desarrollan aplicaciones robóticas para la interacción humano-robot basadas en nuestro ARISE middleware de código abierto, una solución integrada que combina tecnologías de referencia como Vulcanexus (una distribución europea de ROS 2 optimizada para aplicaciones comerciales), FIWARE y ROS4HRI.
Gracias a estas tecnologías, ARISE middleware habilita la interoperabilidad en aplicaciones robóticas a través de ROS 2 e integración directa con sistemas digitales a través de la tecnología FIWARE Context Broker. De esta forma, gracias al ARISE middleware, la información de planta se combina con la información de negocio en un mismo plano digital, actualizado en tiempo real, donde los datos pueden visualizarse, compartirse o analizarse para optimizar procesos industriales.
Esto permite ver en tiempo real qué está ocurriendo en una aplicación robótica, facilitar las representaciones digitales y mejorar la eficiencia de los procesos.
¿Cómo se comunican los robots y los sistemas digitales?
Imagina una fábrica donde personas y robots colaboran en la misma línea. Un robot detecta una pieza, otro la recoge y un tercero la coloca en su sitio. Un operario supervisa y colabora en el proceso y puede intervenir si algo no funciona. Al mismo tiempo, un sistema informático supervisa todo lo que está pasando. Para coordinarse, todos necesitan intercambiar información constantemente.
Para que todo esto funcione, se necesita una tecnología capaz de distribuir información entre muchos sistemas diferentes en tiempo real.
En lugar de conectar cada sistema con todos los demás, algo complejo e ineficiente, se utiliza Fast DDS, una implementación de código abierto del estándar DDS (Data Distribution Service), diseñada para facilitar la comunicación distribuida entre aplicaciones robóticas. Un sistema publica información de interés y la reciben únicamente aquellos sistemas que se han suscrito a esa información. Esto hace que la comunicación sea más flexible, rápida y fácil de escalar, incluso cuando hay muchos robots o sensores funcionando al mismo tiempo.
Vamos a explicarlo un poco más:
Los componentes publicadores (Nodo 1 y 2) envían datos a través de diferentes canales (denominados topics, p. ej.: /robot_pose, /battery_status o /camera/image) sólo cuando los datos cambian se realiza el envío.
La información es recibida de forma instantánea por los suscriptores (Nodo 3 y 4) que se han suscrito previamente, necesitan esa información en su proceso.
Esto permite que los dispositivos se comuniquen de igual a igual, sin depender de un servidor central para intercambiar información.
Diagrama de comunicaciones entre publicadores y suscriptores
De forma similar, imagina una emisora de radio. Cada emisora emite en una frecuencia distinta (música, noticias, deportes…). Solo quienes sintonizan esa frecuencia reciben esa información.
Esta tecnología actúa como un sistema de mensajería digital avanzado que permite que distintos dispositivos como robots o aplicaciones envíen información entre sí sin necesidad de conectarse directamente unos con otros. Esta arquitectura resulta especialmente ventajosa cuando aumenta el número de dispositivos conectados.
Vulcanexus: una plataforma para desarrollar aplicaciones robóticas conectadas
Sobre esta base tecnológica se encuentra Vulcanexus, desarrollado por la empresa española eProsima. Se trata de una solución todo en uno para desarrollar, conectar y desplegar aplicaciones robóticas basadas en ROS 2, uno de los frameworks de software más utilizados actualmente para el desarrollo de aplicaciones robóticas.
En ARISE se ha desarrollado un habilitador (DDS Enabler) que permite conectar el ecosistema ROS 2 con el ecosistema FIWARE. De esta forma, la información generada por los robots puede intercambiarse automáticamente con plataformas basadas en NGSI-LD, estándar de FIWARE.
En la práctica, Vulcanexus ayuda a crear aplicaciones robóticas fácilmente, conectando robots con sensores, personas y sistemas digitales, supervisando el funcionamiento de sistemas complejos. En pocas palabras, hace que trabajar con robots conectados sea más accesible y no se necesite una gran cantidad de conocimiento y experiencia en robótica.
ARISE: Tecnología abierta para una robótica más interoperable
Un aspecto clave de todo esto es que se trata de tecnología open source, es decir, abierta y accesible. Así, diferentes organizaciones pueden colaborar en su desarrollo, fomentar la innovación compartida y reutilizar desarrollos en otros proyectos para no empezar desde cero.
En proyectos como ARISE, este enfoque es especialmente importante, porque permite construir soluciones que no dependen de una sola empresa o tecnología.
Tecnologías abiertas como Vulcanexus, Fast DDS y FIWARE hacen posible esa conexión, actuando como la base invisible que permite que todo funcione de forma coordinada.
La robótica está avanzando hacia sistemas cada vez más colaborativos y abiertos, donde máquinas, robots, sensores y software trabajan juntos como parte de un mismo ecosistema.
¿Quieres integrar robots y sistemas digitales en tus procesos?
En CARTIF trabajamos en el desarrollo y validación de soluciones de robótica, automatización e interoperabilidad para entornos industriales. A través de infraestructuras como CARTIFactory, nuestra planta piloto de colaboración humano-robot, podemos experimentar y validar tecnologías robóticas en entornos controlados antes de abordar su implantación en procesos productivos reales.
Son las tres de la mañana. Te levantas medio dormido para ir al baño y, antes siquiera de encontrar el interruptor, una luz tenue ilumina el camino. No has pulsado ningún botón. No has abierto ninguna aplicación. Tampoco has tenido que decir aquello de «Alexa, enciende la luz» intentando no despertar a toda la casa. Simplemente ha ocurrido.
El hogar digital empieza precisamente ahí: cuando sensores, dispositivos conectados, automatización e inteligencia artificial dejan de ser tecnologías aisladas y empiezan a trabajar juntas para adaptarse a las necesidades de las personas.
Porque cuando hablamos de domótica, es fácil pensar en persianas que suben solas, electrodomésticos conectados, asistentes de voz o una aplicación desde la que podemos controlar prácticamente cualquier cosa. Todo eso está muy bien, pero creo que la parte verdaderamente interesante empieza cuando dejamos de pensar en los dispositivos de manera aislada y empezamos a pensar en qué necesitamos las personas que vivimos en ese hogar digital.
Una casa que sabe lo que está pasando
Todos tenemos rutinas, aunque probablemente nunca nos hayamos parado a pensarlo. Nos levantamos aproximadamente a la misma hora, pasamos por determinadas habitaciones, cocinamos, salimos de casa, volvemos o vemos la televisión.
En una vivienda domotizada, pequeños sensores y dispositivos pueden aportar información sobre muchas de estas situaciones: si hay alguien en una habitación, si una puerta se ha quedado abierta, si aparece humo, si existe una fuga de agua, cuál es la temperatura de la vivienda o cuántos estamos consumiendo. Por separado son simplemente datos. Lo interesante ocurre cuando conseguimos que esos dispositivos trabajen juntos.
Imaginemos que salimos de casa y nos hemos dejado una ventana abierta. O que empieza a detectarse agua en un lugar donde no debería haberla. O que una persona se levanta por la noche y la vivienda adapta automáticamente la iluminación para facilitar su desplazamiento. En estos casos, la tecnología deja de ser algo que tenemos que manejar constantemente para convertirse en algo que nos ayuda cuando hace falta. Y ese matiz cambia bastante las cosas.
De automatizar una casa a comprender lo que ocurre en ella
La domótica lleva muchos años permitiéndonos automatizar acciones. Si ocurre A, hace B. Si oscurece, enciende la luz. Si la temperatura baja, activa la calefacción. Si se detecta humo, se genera una alarma.
Actualmente tenemos la posibilidad de avanzar hacia sistemas algo más interesantes: combinar información procedente de distintos dispositivos, analizarla y utilizarla para comprender mejor el contexto. Aquí tecnologías como la inteligencia artificial pueden tener un papel importante. No necesariamente para que nuestra casa se convierta en una especie de HAL 9000 que decida por nosotros, sino para algo bastante más práctico: detectar patrones, aprender rutinas e identificar cuándo algo se sale de lo habitual. Y esto resulta especialmente interesante cuando trasladamos el hogar digital al ámbito del bienestar y la salud.
Tecnología para favorecer la vida independiente
Pensemos, por ejemplo, en una persona mayor que vive sola. Tal vez lo importante no sea saber cada vez que abre una puerta o entra en una habitación. De hecho, probablemente eso no le interese a nadie. Lo relevante puede ser detectar que algo ha cambiado. Que determinadas rutinas empiezan a realizarse de una forma diferente. Que existe una situación potencialmente peligrosa. O que puede ser conveniente ofrecer ayuda. La diferencia entre ambas aproximaciones es importante: no se trata de vigilar a una persona, sino de conseguir que su entorno pueda apoyarla respetando al máximo su autonomía y, por qué no decirlo, su privacidad.
Centro Demostrador Hogar Digital: probar la tecnología en una vivienda real
Hablar de todo esto sobre el papel es relativamente sencillo, otra cosa es entrar en una vivienda y comprobar cómo funciona.
Con ese objetivo se ha creado el Centro Demostrador Hogar Digital, ubicado en Villanubla e impulsado por la Diputación de Valladolid en el marco del proyecto europeo IBERUS SMART CDT, en cuya implantación tecnológica, gestión y dinamización participa CARTIF. El espacio reproduce una vivienda con estancias reconocibles (cocina, salón, dormitorio o baño) en las que diferentes tecnologías conviven dentro de un mismo entorno.
Seguridad, eficiencia energética, bienestar y salud, comunicación, accesibilidad, automatización, asistentes virtuales o robótica son algunos de los casos de uso con los que se puede interactuar en el centro.
Pero personalmente creo que lo más interesante del demostrador no es enseñar una colección de dispositivos, es poder probar qué ocurre cuando los conectamos entre sí y los llevamos a situaciones reales.
Porque desarrollar tecnología dentro de un laboratorio es una cosa. Conseguir que sea útil cuando entra en nuestra cocina, en nuestro dormitorio o en nuestro salón es otra bastante diferente. Tienes que se sencilla, fiable. Diferentes dispositivos deben ser capaces de entenderse entre ellos. Y, sobre todo, tiene que resolver una necesidad real.
Si para encender una luz inteligente necesitamos abrir el móvil, buscar una aplicación, esperar a que conecte y pulsar tres botones…probablemente el viejo interruptor de la pared siga siendo una tecnología bastante difícil de superar.
¿Quieres probar una solución tecnológica en un entorno doméstico real? El Centro Demostrador Hogar Digital permite experimentar, integrar y validar tecnologías aplicadas a la seguridad, salud, autonomía, accesibilidad y eficiencia energética antes de trasladarlas a entornos reales.
Tecnología que se adapta a las personas, y no al revés
Creo que uno de los grandes retos del hogar digital está precisamente ahí. Durante años hemos diseñado dispositivos y después hemos pedido a las personas que aprendan a utilizarlos. Nuevas aplicaciones, nuevos menús, nuevas contraseñas y configuraciones.
Quizá el siguiente paso sea hacer justamente lo contrario. Que sea nuestro entorno el que se adapte y que aprenda de nosotros.
Una vivienda que nos facilite determinadas tareas cuando nuestra movilidad disminuye. Que nos pueda aportar seguridad cuando vivimos solos. Que reduzca consumos sin obligarnos a estar pendientes constantemente de ellos. Que nos facilite la comunicación con familiares o profesionales. O que detecte determinadas situaciones antes de que se conviertan en un problema.
No necesitaremos todas estas cosas al mismo tiempo, ni todas las personas tendremos las mismas necesidades. Y precisamente ahí está la clave.
El hogar verdaderamente inteligente no será el que tenga más tecnología. Será aquel que sepa utilizarla justo cuando la necesitamos y pasar desapercibido cuando no.
¿Por qué la competitividad se ha convertido en la prioridad de Europa?
Durante los últimos meses, la palabra competitividad se ha convertido en una de las protagonistas indiscutibles del debate europeo. El informe de Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad de la Unión Europea ha marcado buena parte de la conversación política y estratégica en Bruselas, situando en el centro del diagnóstico cuestiones como la productividad, la innovación, la industria, la energía, la digitalización, la dependencia tecnológica, el escalado empresarial y la capacidad de transformar conocimiento en mercado.
No es una preocupación menor. Europa se enfrenta a un contexto global cada vez más exigente, marcado por una competencia creciente con Estados Unidos y China, una presión demográfica evidente, costes energéticos elevados y la necesidad de acelerar la adopción de tecnologías emergentes. La brecha de productividad entre la Unión Europea y Estados Unidos se ha ampliado durante las dos últimas décadas, mientras que China ha reforzado de forma acelerada su capacidad industrial y tecnológica. A ello se suma la dependencia europea de tecnologías, materias primas y cadenas de suministro externas en sectores considerados estratégicos. En este contexto, la competitividad ya no se percibe únicamente como una cuestión económica, sino también como una cuestión de resiliencia y autonomía estratégica. La Comisión Europea parece haber asumido que sostener su modelo social, ambiental e industrial dependerá en gran medida de su capacidad para recuperar dinamismo económico e innovador.
Sin embargo, mientras leía los informes Draghi sobre competitividad europea, hubo algo que llamó mi atención: la alimentación apenas aparece como un ámbito estratégico propio. Y resulta curioso. No porque la alimentación haya dejado de ser importante para Europa. De hecho, probablemente ocurre justo lo contrario.
La alimentación está directamente relacionada con algunos de los grandes desafíos que Europa intenta abordar: la salud pública, la bioeconomía, la resiliencia de las cadenas de suministro, la autonomía estratégica, la transición ecológica, la innovación biotecnológica o el desarrollo territorial[1]. Es difícil encontrar otro ámbito capaz de conectar de forma tan directa con tantos objetivos políticos, económicos y sociales al mismo tiempo. Y, sin embargo, cuando hablamos de competitividad europea, rara vez hablamos de alimentación. Resulta llamativo si tenemos en cuenta que la industria alimentaria y de bebidas constituye la mayor industria manufacturera de la Unión Europea, con más de 4 millones de empleos directos y cerca de 300.000 empresas, la mayoría pequeñas y medianas empresas. Su impacto va mucho más allá de la producción de alimentos, influyendo en el empleo, las exportaciones, el desarrollo territorial y la cohesión económica de numerosas regiones europeas[2].
FOOD en Horizon Europe: una prioridad claramente definida
Esta observación resulta aún más llamativa si la comparamos con el actual programa Horizon Europe. Dentro de su Pilar II, la alimentación dispone de un espacio claramente definido a través del Cluster 6, dedicado a Food, Bioeconomy, Natural Resources, Agriculture and Environment. En este marco, FOOD no aparece de forma tangencial ni implícita. Tiene una identidad propia, una narrativa reconocible y un conjunto de prioridades claramente definidas: seguridad alimentaria y nutricional, sistemas alimentarios sostenibles, bioeconomía, economía circular, digitalización o innovación basada en recursos biológicos. En Horizon Europe, FOOD es visible.
Programa Marco FP10: más impacto, competitividad y autonomía estratégica
Sin embargo, cuando observamos las primeras señales que están marcando el diseño del programa Marco FP10, el lenguaje parece cambiar. La propuesta de Horizon Europe 2028-2034[3] plantea un programa más grande, más simple, más rápido y más orientado al impacto, con un presupuesto previsto de 175.000 millones de euros. Pero los conceptos que dominan el debate ya no son tanto sistemas alimentarios, nutrición o bioeconomía sostenible, sino competitividad, impacto, despliegue, simplificación, tecnologías críticas, liderazgo industrial, autonomía estratégica e innovación orientada al mercado.
¿Qué es el Programa Marco FP10?
El Programa Marco es la mayor iniciativa transnacional de financiación de la ciencia e innovación europea. El FP10 abarcará los años 2028 a 2034 y actualmente se encuentra en fase de diseño, definición de presupuesto y negociación entre los Estados miembros. Diseñado para suceder a Horizonte Europa, busca impulsar la I+D+i, potenciar la soberanía tecnológica, la competitividad frente a potencias globales y la reindustrialización
La alimentación gana transversalidad…pero pierde visibilidad
La alimentación sigue estando presente, pero ya no aparece necesariamente con nombre propio. Aparece a través de la biotecnología. A través de la bioeconomía. A través de las ciencias de la vida. A través de la resiliencia. A través de la industria. A través de la salud. A través de la digitalización. Esto puede parecer una discusión terminológica, pero tiene consecuencias muy concretas. Cuando una empresa desarrolla nuevos ingredientes a partir de corrientes secundarias, incorpora inteligencia artificial para optimizar sus procesos o utiliza biotecnología para generar productos de mayor valor añadido, no está contribuyendo únicamente a objetivos de sostenibilidad. Está desarrollando capacidades tecnológicas, industriales y económicas que Europa considera estratégicas para su futuro. Y aquí surge una contradicción que, en mi opinión, merece una reflexión.
La alimentación no está perdiendo relevancia en Europa. Está ganando transversalidad. Pero precisamente por eso corre el riesgo de perder visibilidad.
Y la visibilidad importa más de lo que a veces estamos dispuestos a reconocer. Las prioridades europeas no se construyen únicamente a través de presupuestos. También se construyen a través de narrativas. Las narrativas permiten movilizar inversiones, generar alianzas, orientar estrategias empresariales, atraer talento y explicar por qué un ámbito merece atención política. Todo el mundo entiende qué representan hoy la inteligencia artificial, los semiconductores, la defensa, el espacio o la energía. Son ámbitos con una narrativa clara, fácilmente identificable y políticamente reconocible.
«La alimentación no está perdiendo relevancia en Europa. Está ganando transversalidad. Por eso corre el riesgo de perder visibilidad»
La alimentación también construye la competitividad europea
Pero ¿cuál es hoy la narrativa de la alimentación?; ¿Sostenibilidad? ¿Salud? ¿Bioeconomía? ¿Biotecnología? ¿Resiliencia? ¿Competitividad?
La respuesta probablemente sea: todas ellas. Y quizá ahí radique tanto su fortaleza como su principal desafío. Porque cuando un ámbito contribuye a demasiadas prioridades, corre el riesgo de diluirse dentro de todas ellas. La alimentación puede ser clave para la salud preventiva, para la bioeconomía, para la autonomía estratégica, para la competitividad industrial, para la valorización de recursos, para la seguridad de las cadenas de suministro y para la transición ecológica. Pero si aparece repartida entre todas esas agendas, ¿quién la reconoce como una prioridad estratégica en sí misma?
Esta es, quizá, una de las preguntas más relevantes para la próxima etapa europea. No si FOOD seguirá siendo importante. Lo será. Pero quizá la cuestión no sea únicamente si seguirá siendo reconocible. Quizá la pregunta relevante sea otra: ¿está sabiendo posicionarse dentro de las nuevas prioridades europeas? Porque mientras Horizon Europe se construyó en torno a grandes desafíos sociales y ambientales, las primeras señales de FP10 apuntan hacia una narrativa más vinculada a la competitividad, la capacidad industrial, el liderazgo tecnológico y la autonomía estratégica. Y esto plantea una reflexión incómoda. Cuando Europa defina las capacidades estratégicas que necesita para competir en 2040, ¿aparecerá la alimentación en esa lista? Porque las prioridades europeas están cambiando. Y quizá la pregunta que FOOD debe responder no es qué problemas ayuda a resolver, sino qué futuro ayuda a construir. En un contexto en el que Europa busca reforzar su competitividad y su autonomía estratégica, la alimentación no puede seguir siendo un activo invisible. Todos tenemos un papel que desempeñar: como consumidores, valorando y eligiendo productos de calidad; como empresas, apostando por la innovación y el desarrollo; como investigadores, generando conocimiento útil; y como responsables públicos, impulsando políticas que fortalezcan el sector. Cada decisión cuenta. Reconocer el valor de nuestros territorios, agricultores, ganaderos, industrias, sistemas de Calidad, etc. es también una forma de construir el futuro que queremos para Europa. Porque la alimentación no solo forma parte de nuestra economía: forma parte de nuestra identidad, nuestra resiliencia y nuestra capacidad para competir y prosperar
[1] EU competitive compass (2026) (https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/competitiveness-compass_en?utm_source)
[2] FoodDrinkEurope – Data & Trends of the European Food and Drink Industry 2024 https://www.fooddrinkeurope.eu/resource/data-trends-of-the-european-food-and-drink-industry-2024/
[3] Horizon Europe 2028 – 2034: twice bigger, simpler, faster and more impactful (2025) (https://research-and-innovation.ec.europa.eu/news/all-research-and-innovation-news/horizon-europe-2028-2034-twice-bigger-simpler-faster-and-more-impactful-2025-07-16_en?utm_source)
La rehabilitación energética de edificios se enfrenta a un doble reto: mejorar la eficiencia y sostenibilidad del parque construido y acelerar la digitalización de un sector todavía muy fragmentado. Tecnologías como BIM, openBIM y los gemelos digitales están abriendo nuevas posibilidades para conectar datos, materiales, consumo energético y decisiones a lo largo de todo el ciclo de vida de los edificios.
Del ladrillo al dato: cómo la digitalización y el uso de modelos BIM está cambiando la rehabilitación energética y circular de edificios
La forma en la que diseñamos, construimos, renovamos y gestionamos los edificios en Europa está cambiando… pero no lo suficientemente rápido. El sector de la edificación sigue siendo responsable de cerca de la mitad del consumo energético y de una gran parte de los materiales y residuos generados. A esto se suma un problema menos visible, pero igual de importante: la baja productividad, la fragmentación del sector y la dificultad para adoptar nuevas tecnologías, especialmente por parte de las pymes del sector.
En este contexto nace DTERBIM(Driving the Transformation on Energy-efficient and circular Renovation through BIM) proyecto europeo coordinado por CARTIF que comenzó en octubre de 2025 con un objetivo claro: acelerar la transición hacia una rehabilitación energética y circular de los edificios apoyándose en herramientas digitales abiertas, interoperables y fáciles de usar.
Fragmentación y baja digitalización del sector de la construcción
La edificación es un pilar fundamental del Pacto Verde Europeo y de iniciativas como la Renovation Wave o la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD). Sin embargo, el sector AEC/FM (Arquitectura, Ingeniería, Construcción y Gestión de Edificios) se enfrenta a retos estructurales muy claros.
Una iniciativa de la Comisión Europea para, al menos, duplicar la tasa de renovación de edificios en la Unión Europea en 2030 con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante acciones como la descarbonización de sistemas de calefacción y refrigeración, rehabilitación energética de edificios públicos como hospitales y escuelas o la lucha contra la pobreza energética de edificios menos eficientes.
Por un lado, la fragmentación: el 99 % de las empresas del sector son pymes, que trabajan con herramientas diferentes, procesos poco coordinados y flujos de información desconectados. Esto provoca errores, reprocesos, sobrecostes y pérdidas de información a lo largo del ciclo de vida del edificio.
Por otro, la falta de interoperabilidad digital. Aunque el uso de BIM(Building Information Modelling) está creciendo, muchas herramientas no “hablan” entre sí. Los datos se duplican, se pierden o llegan tarde, dificultando la toma de decisiones informadas. Estudios internacionales estiman que esta falta de interoperabilidad cuesta miles de millones de euros cada año.
A todo esto, se suma la dificultad para integrar la sostenibilidad y la circularidad en los procesos digitales actuales. La mayoría de las herramientas se centran en la fase de diseño y en el rendimiento energético, pero dejan fuera aspectos clave como la reutilización de materiales, la planificación de la deconstrucción o el seguimiento de los impactos ambientales a lo largo de todo el ciclo de vida.
De edificios “lineales” a edificios circulares y digitales
DTERBIM parte de una idea sencilla pero potente: no basta con digitalizar lo que ya hacemos, hay que cambiar la forma de trabajar. El proyecto propone pasar de un modelo lineal (diseñar–construir–usar–demoler) a un modelo circular, digital y colaborativo, donde las palabras Reducir, Reutilizar y Reciclar acompañan al edificio desde su concepción hasta su posible desmontaje y reutilización.
La economía circular y la sostenibilidad son, por tanto, ejes centrales de DTERBIM. Bajo este prisma, la circularidad está presente en todas las etapas del ciclo de vida del edificio (diseño, construcción, operación y deconstrucción) mediante el desarrollo de herramientas para:
Diseñar edificios pensados para adaptarse, desmontarse y reutilizarse.
Crear Pasaportes de Materiales, que permiten saber qué materiales hay en un edificio, en qué estado están y cómo pueden reutilizarse.
Estandarizar el proceso de entrega y documentación mediante el Digital Building Logbook, evitando montañas de papel y facilitando la gestión futura del edificio.
Gracias a estas soluciones, la circularidad deja de ser un concepto teórico y pasa a formar parte del día a día de los proyectos.
Para ello, DTERBIM combina tres grandes pilares:
1. Un proceso BIM abierto e interoperable, basado en estándares openBIM.
2. Un conjunto de 12 herramientas digitales y servicios inteligentes, fáciles de usar y pensados para grandes, medianas y pequeñas empresas.
3. Dos Gemelos Digitales que conectan los modelos digitales con datos reales del edificio.
Todo ello se integra en un ecosistema común, sin obligar a las empresas a abandonar las herramientas que ya utilizan.
openBIM: interoperabilidad para mejorar la rehabilitación de edificios
Uno de los grandes retos que aborda DTERBIM es la rigidez de los enfoques tradicionales de BIM, basados en una única “fuente de la verdad” centralizada. Este enfoque suele funcionar bien en grandes organizaciones, pero excluye a muchas pymes por su coste y complejidad.
DTERBIM apuesta por un modelo abierto, flexible y federado, donde cada agente puede seguir usando sus herramientas habituales, siempre que cumplan con estándares abiertos como IFC, BCF, IDS o bSDD. De este modo, arquitectos, ingenierías, constructoras, gestores de edificios y administraciones pueden compartir información sin barreras técnicas ni dependencias de proveedores.
Este enfoque openBIM no solo mejora la colaboración, sino que reduce errores, ahorra tiempo y mejora la calidad de los datos, algo esencial para tomar decisiones sostenibles desde las primeras fases del proyecto.
Gemelos digitales para mejorar la eficiencia energética de los edificios
Otro de los grandes avances de DTERBIM es la integración de Gemelos Digitales. Mientras que BIM representa el edificio de forma estática, los Gemelos Digitales incorporan datos en tiempo real procedentes de sensores, sistemas de gestión y plataformas digitales.
DTERBIM desarrolla dos tipos de gemelos digitales:
Gemelo Digital de Construcción, que ayuda a planificar, monitorizar y controlar la obra, mejorando la calidad y reduciendo retrasos.
Gemelo Digital del Edificio en Operación, que permite optimizar el consumo energético, el confort y el mantenimiento a lo largo del tiempo.
La gran novedad es que estos gemelos no se limitan a la energía, sino que integran criterios de sostenibilidad y circularidad, como emisiones, materiales, reutilización y costes del ciclo de vida.
Digitalización accesible para las pymes de construcción
Uno de los aspectos más diferenciales de DTERBIM es su enfoque claramente orientado a la pequeña empresa, ya que representa el 99% de las entidades involucradas en el sector construcción. El proyecto no solo desarrolla tecnología, sino que trabaja mano a mano con los agentes del sector mediante metodologías participativas, formación y pilotos reales en España, Polonia y Grecia.
El objetivo es claro: reducir barreras de entrada, facilitar el aprendizaje y demostrar que la digitalización y la circularidad no son un coste, sino una oportunidad para mejorar la competitividad.
Un paso más hacia la rehabilitación del futuro
DTERBIM no promete soluciones mágicas, pero sí propone un cambio profundo y realista en la forma de abordar la rehabilitación y construcción de edificios en Europa. Apostando por estándares abiertos, herramientas accesibles y una visión de ciclo de vida completo, el proyecto sienta las bases para un sector más eficiente, más sostenible y más inclusivo.
En los próximos años, los resultados de DTERBIM se validarán en proyectos reales y servirán como referencia para futuras políticas, normativas y modelos de negocio. Porque transformar el sector de la edificación no es solo una cuestión tecnológica, es una cuestión de colaboración, visión a largo plazo y compromiso con un futuro más sostenible.
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Cada año, las plagas y enfermedades vegetales provocan pérdidas millonarias en la agricultura mundial. Durante décadas, la principal herramienta para combatirlas ha sido el uso de productos fitosanitarios químicos. Sin embargo, la aparición de resistencias, las crecientes restricciones regulatorias y la necesidad de proteger la biodiversidad están impulsando el desarrollo de alternativas más selectivas y sostenibles. Entre ellas destaca una tecnología que está despertando un enorme interés: los biopesticidas basados en interferencia por ARN (RNAi).
¿Qué es la interferencia por ARN (RNAi)?
Aunque el nombre pueda parecer complejo, su funcionamiento responde a un principio sencillo. En lugar de eliminar indiscriminadamente una plaga mediante un compuesto químico, el RNAi permite «silenciar» genes concretos que son esenciales para su supervivencia o para su capacidad de causar enfermedad. Se trata de un mecanismo natural presente en prácticamente todos los eucariotas, que regula la expresión de determinados genes mediante pequeñas moléculas de ARN de doble cadena (dsRNA). Cuando estas moléculas son absorbidas por el organismo diana, bloquean la producción de proteínas esenciales y reducen su capacidad para crecer, alimentarse o infectar la planta.
Esta elevada especificidad constituye una de las mayores ventajas del RNAi frente a pesticidas convencionales. Mientras que un insecticida químico puede afectar también a insectos beneficiosos o a otros organismos del ecosistema, un biopesticida basado en RNAi puede diseñarse para actuar únicamente sobre una especie concreta o incluso sobre un proceso biológico específico. Además, las moléculas de ARN se degradan de forma natural en el medio ambiente, reduciendo la persistencia de residuos y su impacto ambiental.
Otra característica especialmente interesante es su flexibilidad. Una vez identificado un gen clave del organismo que se desea controlar, es posible diseñar nuevas moléculas de RNA en un tiempo relativamente corto, lo que facilita responder con rapidez ante nuevas plagas o frente a organismos que hayan desarrollado resistencia a los tratamientos tradicionales.
SIGS: aplicar RNAi mediante pulverización
Actualmente, esta tecnología puede aplicarse siguiendo dos estrategias principales. La primera consiste en desarrollar plantas capaces de producir internamente estas moléculas de ARN, una aproximación eficaz pero asociada al uso de organismos modificados genéticamente. La segunda, conocida como Spray-Induced Gene Silencing (SIGS), consiste simplemente en pulverizar el dsRNA sobre las plantas, de forma similar a un tratamiento fitosanitario convencional. Una vez depositadas sobre la superficie vegetal, las moléculas pueden ser absorbidas por la plaga o el patógeno y activar el mecanismo de silenciamiento génico. Esta estrategia ofrece una gran versatilidad, ya que puede utilizarse en diferentes cultivos, permite decidir el momento de aplicación y evita modificar genéticamente la planta.
El interés por esta aproximación ha crecido rápidamente durante los últimos años y ya ha dado lugar a importantes avances regulatorios. En 2023, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) aprobó Ledprona, el primer biopesticida pulverizable basado en dsRNA para el control del escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata), marcando un hito en la llegada de esta tecnología al mercado. Como ocurre con cualquier tecnología emergente, todavía existen desafíos que deben resolverse antes de su implantación generalizada. Uno de los principales es la estabilidad del ARN, ya que estas moléculas pueden degradarse rápidamente por efecto de la radiación ultravioleta, la lluvia, la temperatura o determinadas enzimas presentes tanto en el medio ambiente como en los propios organismos diana. También resulta fundamental seleccionar correctamente el gen sobre el que actuar, garantizando una elevada eficacia y minimizando cualquier posible efecto sobre organismos no objetivo. Por ello, gran parte de la investigación actual se centra en desarrollar nuevas formulaciones capaces de proteger el dsRNA mediante nanopartículas, liposomas o vesículas biológicas, así como en optimizar su producción a gran escala y avanzar en los procesos de evaluación regulatoria y ambiental.
El proyecto SUPERA: cómo CARTIF desarrolla nuevas soluciones basadas en RNAi
En este contexto, CARTIF participa activamente en el desarrollo de estas nuevas estrategias a través del proyectoSUPERA(Sanidad vegetal sostenible mediante RNAi para reducir el impacto de las enfermedades en la agricultura y los bosques), coordinado por la Universidad de Valladolid junto con el CSIC e IDAI Nature. El objetivo del proyecto ha sido desarrollar soluciones innovadoras basadas en RNAi para combatir enfermedades causadas por hongos y oomicetos que afectan tanto a cultivos agrícolas como a especies forestales. Durante el proyecto se identificaron genes esenciales en patógenos de gran relevancia, como Fusarium y Phytophthora, diseñándose moléculas específicas de dsRNA capaces de reducir la expresión de dichos genes. Paralelamente, se optimizaron procesos de producción mediante fermentación bacteriana y se desarrollaron estrategias de encapsulación para mejorar la estabilidad de las moléculas y facilitar su aplicación mediante tratamientos foliares y radiculares, acercando esta tecnología a futuras aplicaciones reales en agricultura. Los resultados obtenidos demuestran que el RNAi ha dejado de ser únicamente una herramienta de investigación básica para convertirse en una plataforma tecnológica con un enorme potencial para desarrollar una nueva generación de biopesticidas más precisos, sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Aunque todavía quedan retos científicos y regulatorios por superar, todo apunta a que durante los próximos años esta tecnología ocupará un lugar cada vez más relevante dentro de las estrategias de protección integrada de cultivos, contribuyendo a una agricultura más eficiente, resiliente y alineada con los objetivos de sostenibilidad que demanda la sociedad.
Actualmente tanto la calidad del aire como el cambio climático son dos temas que interesan y preocupan a los municipios. Aunque están estrechamente relacionados, se trata de problemas diferentes que requieren herramientas de análisis y estrategias de actuación específicas. Para diseñar políticas adecuadas a la situación real de cada ciudad no existen medidas ni decisiones genéricas a emprender, sino que es imprescindible contar con unos valores numéricos objetivos para poder actuar de manera eficiente y justificada.
En ambas cuestiones intervienen numerosos gases emitidos por las actividades humanas, aunque no todos tienen el mismo efecto. Por un lado, están los contaminantes atmosféricos que afectan directamente a la calidad del aire (óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de azufre, amoniaco o incluso partículas en suspensión, que, aunque no son gases, tienen un importante impacto sobre la salud). Por otro lado, están los gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso o los gases fluorados, cuyo principal efecto es contribuir al calentamiento global.
Pero ahora vamos a centrarnos en los gases que deben considerarse en las políticas municipales de lucha contra el cambio climático y de avance hacia la neutralidad climática, sin olvidar que otros contaminantes resultan fundamentales para las políticas de calidad del aire y protección de la salud.
Cómo calcular las emisiones de un municipio: la base para diseñar políticas climáticas eficaces
Si bajamos a nivel químico molecular y analizamos las propiedades de estos gases, observamos que algunos contaminantes atmosféricos tienen efectos directos sobre la salud humana, mientras que determinados gases de efecto invernadero presentan una elevada capacidad para retener calor en la atmósfera y contribuir al calentamiento global. Pero si nos centramos en los inventarios urbanos vinculados al consumo energético, por volumen de emisiones y por presencia en las principales fuentes emisoras, el gas de referencia suele ser el dióxido de carbono. De hecho, cuando se consideran conjuntamente todos los gases de efecto invernadero, sus emisiones se expresan habitualmente como CO₂ equivalente (CO₂eq), una unidad que incorpora el diferente Potencial de Calentamiento Global (Global Warming Potential, GWP) de cada gas y permite compararlos bajo una misma referencia.
La prevalencia del dióxido de carbono en los sectores energéticos hace que sea el gas predominante en la mayoría de inventarios urbanos. Sin embargo, en sectores como la gestión de residuos, las aguas residuales o determinadas actividades agrícolas y ganaderas, el metano y el óxido nitroso pueden representar una parte significativa de las emisiones.
¿Qué es un Inventario de Emisiones de Referencia (IER)?
Para conocer dónde se originan estas emisiones y poder reducirlas de forma eficaz, los municipios elaboran Inventarios de Emisiones de Referencia (IER). Estas herramientas permiten cuantificar las emisiones asociadas a las diferentes actividades desarrolladas en la ciudad y constituyen el punto de partida para diseñar políticas climáticas basadas en datos.
En la metodología que empleamos en CARTIF, el inventario organiza la información en tres ámbitos principales: el ámbito del ayuntamiento, el ámbito de análisis del PACES y el ámbito municipal. El primero evalúa las emisiones de los diferentes sectores del propio ayuntamiento, como áreas del mismo, transporte, flota propia, producción energética propia, etcétera. El segundo lo denominamos de esta manera puesto que la clasificación viene heredada del Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible (PACES), una estrategia impulsada en el marco del Pacto de los Alcaldes que ayuda a los municipios a reducir sus emisiones, mejorar la eficiencia energética y adaptarse al cambio climático. Y finalmente el ámbito municipal, que consta de aquello que no entre en el anterior, como puede ser típicamente industria o agropecuario (primario), aunque hay que tener en cuenta que no es una clasificación rígida.
¿Qué es un Inventario de Emisiones de Referencia (IER)?
Un inventario de emisiones municipal es una herramienta que cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades de una ciudad. Permite identificar los principales focos de emisiones y diseñar políticas climáticas basadas en datos para avanzar hacia la neutralidad climática.
Cómo se calcula un inventario de emisiones municipal
Dentro de cada sector de cada ámbito, los cálculos de estas emisiones deben confrontar dos obstáculos importantes: por una parte, la disponibilidad de los datos necesarios, donde por ejemplo los datos del ayuntamiento están directamente accesibles mientras que datos como los consumos de combustibles fósiles en industria o en viviendas requieren procesos de estimación y desagregación estadística, ya que normalmente no están disponibles con el nivel de detalle municipal necesario. Por otra parte, para ciertos ámbitos como el transporte, es imprescindible trabajar con información como el callejero de la ciudad o una selección de nodos de comunicación para generar datos de forma indirecta que permitan realizar una evaluación estadísticamente coherente. Todo ello pone de manifiesto la importancia de contar con equipos especializados capaces de combinar datos procedentes de distintas fuentes, aplicar metodologías reconocidas internacionalmente y obtener inventarios consistentes y comparables en el tiempo.
En la mayor parte de los sectores urbanos, especialmente los relacionados con el consumo energético, las emisiones se estiman a partir de la energía consumida (o producida). No obstante, existen sectores como la gestión de residuos, determinados procesos industriales o algunas actividades agrícolas donde las emisiones se calculan mediante otros parámetros específicos. Cada fuente energética o actividad dispone de un factor de emisión específico que relaciona la unidad de consumo o actividad (kWh de electricidad, litros de combustible, Nm³ de gas natural, toneladas de residuos, etc.) con las emisiones generadas, expresadas en toneladas del gas correspondiente o, cuando se agregan distintos gases de efecto invernadero, en toneladas de CO₂ equivalente (tCO₂eq).
Dentro de cada sector, los resultados de consumo y emisiones se obtienen normalmente por fuente de energía empleada y, cuando procede, mediante subdivisiones adicionales, como tipos de vehículos en transporte o áreas municipales en equipamientos. Además, resulta útil presentar valores agregados por ámbito y por año, lo que permite visualizar la evolución temporal de los consumos y emisiones desde el año de referencia (llamado “baseline”) hasta el último año disponible.
De los datos a la acción: cómo un inventario ayuda a reducir emisiones
Desde CARTIF hemos llevado a cabo diversos estudios de emisiones para ciudades, tanto dentro de la iniciativa del Pacto de los Alcaldes —como en el caso de Logroño— como mediante estudios específicos para ayuntamientos, como Ponferrada. Estos trabajos proporcionan una fotografía objetiva del punto de partida de cada municipio y constituyen la base para desarrollar Planes de Acción, evaluar riesgos climáticos, priorizar inversiones y medir el impacto real de las políticas públicas de mitigación y adaptación al cambio climático
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