¿Por qué la competitividad se ha convertido en la prioridad de Europa?
Durante los últimos meses, la palabra competitividad se ha convertido en una de las protagonistas indiscutibles del debate europeo. El informe de Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad de la Unión Europea ha marcado buena parte de la conversación política y estratégica en Bruselas, situando en el centro del diagnóstico cuestiones como la productividad, la innovación, la industria, la energía, la digitalización, la dependencia tecnológica, el escalado empresarial y la capacidad de transformar conocimiento en mercado.
No es una preocupación menor. Europa se enfrenta a un contexto global cada vez más exigente, marcado por una competencia creciente con Estados Unidos y China, una presión demográfica evidente, costes energéticos elevados y la necesidad de acelerar la adopción de tecnologías emergentes. La brecha de productividad entre la Unión Europea y Estados Unidos se ha ampliado durante las dos últimas décadas, mientras que China ha reforzado de forma acelerada su capacidad industrial y tecnológica. A ello se suma la dependencia europea de tecnologías, materias primas y cadenas de suministro externas en sectores considerados estratégicos. En este contexto, la competitividad ya no se percibe únicamente como una cuestión económica, sino también como una cuestión de resiliencia y autonomía estratégica. La Comisión Europea parece haber asumido que sostener su modelo social, ambiental e industrial dependerá en gran medida de su capacidad para recuperar dinamismo económico e innovador.
Sin embargo, mientras leía los informes Draghi sobre competitividad europea, hubo algo que llamó mi atención: la alimentación apenas aparece como un ámbito estratégico propio. Y resulta curioso. No porque la alimentación haya dejado de ser importante para Europa. De hecho, probablemente ocurre justo lo contrario.
La alimentación está directamente relacionada con algunos de los grandes desafíos que Europa intenta abordar: la salud pública, la bioeconomía, la resiliencia de las cadenas de suministro, la autonomía estratégica, la transición ecológica, la innovación biotecnológica o el desarrollo territorial[1]. Es difícil encontrar otro ámbito capaz de conectar de forma tan directa con tantos objetivos políticos, económicos y sociales al mismo tiempo. Y, sin embargo, cuando hablamos de competitividad europea, rara vez hablamos de alimentación. Resulta llamativo si tenemos en cuenta que la industria alimentaria y de bebidas constituye la mayor industria manufacturera de la Unión Europea, con más de 4 millones de empleos directos y cerca de 300.000 empresas, la mayoría pequeñas y medianas empresas. Su impacto va mucho más allá de la producción de alimentos, influyendo en el empleo, las exportaciones, el desarrollo territorial y la cohesión económica de numerosas regiones europeas[2].
FOOD en Horizon Europe: una prioridad claramente definida
Esta observación resulta aún más llamativa si la comparamos con el actual programa Horizon Europe. Dentro de su Pilar II, la alimentación dispone de un espacio claramente definido a través del Cluster 6, dedicado a Food, Bioeconomy, Natural Resources, Agriculture and Environment. En este marco, FOOD no aparece de forma tangencial ni implícita. Tiene una identidad propia, una narrativa reconocible y un conjunto de prioridades claramente definidas: seguridad alimentaria y nutricional, sistemas alimentarios sostenibles, bioeconomía, economía circular, digitalización o innovación basada en recursos biológicos. En Horizon Europe, FOOD es visible.
Programa Marco FP10: más impacto, competitividad y autonomía estratégica
Sin embargo, cuando observamos las primeras señales que están marcando el diseño del programa Marco FP10, el lenguaje parece cambiar. La propuesta de Horizon Europe 2028-2034[3] plantea un programa más grande, más simple, más rápido y más orientado al impacto, con un presupuesto previsto de 175.000 millones de euros. Pero los conceptos que dominan el debate ya no son tanto sistemas alimentarios, nutrición o bioeconomía sostenible, sino competitividad, impacto, despliegue, simplificación, tecnologías críticas, liderazgo industrial, autonomía estratégica e innovación orientada al mercado.
¿Qué es el Programa Marco FP10?
El Programa Marco es la mayor iniciativa transnacional de financiación de la ciencia e innovación europea. El FP10 abarcará los años 2028 a 2034 y actualmente se encuentra en fase de diseño, definición de presupuesto y negociación entre los Estados miembros. Diseñado para suceder a Horizonte Europa, busca impulsar la I+D+i, potenciar la soberanía tecnológica, la competitividad frente a potencias globales y la reindustrialización
La alimentación gana transversalidad…pero pierde visibilidad
La alimentación sigue estando presente, pero ya no aparece necesariamente con nombre propio. Aparece a través de la biotecnología. A través de la bioeconomía. A través de las ciencias de la vida. A través de la resiliencia. A través de la industria. A través de la salud. A través de la digitalización. Esto puede parecer una discusión terminológica, pero tiene consecuencias muy concretas. Cuando una empresa desarrolla nuevos ingredientes a partir de corrientes secundarias, incorpora inteligencia artificial para optimizar sus procesos o utiliza biotecnología para generar productos de mayor valor añadido, no está contribuyendo únicamente a objetivos de sostenibilidad. Está desarrollando capacidades tecnológicas, industriales y económicas que Europa considera estratégicas para su futuro. Y aquí surge una contradicción que, en mi opinión, merece una reflexión.
La alimentación no está perdiendo relevancia en Europa. Está ganando transversalidad. Pero precisamente por eso corre el riesgo de perder visibilidad.
Y la visibilidad importa más de lo que a veces estamos dispuestos a reconocer. Las prioridades europeas no se construyen únicamente a través de presupuestos. También se construyen a través de narrativas. Las narrativas permiten movilizar inversiones, generar alianzas, orientar estrategias empresariales, atraer talento y explicar por qué un ámbito merece atención política. Todo el mundo entiende qué representan hoy la inteligencia artificial, los semiconductores, la defensa, el espacio o la energía. Son ámbitos con una narrativa clara, fácilmente identificable y políticamente reconocible.
«La alimentación no está perdiendo relevancia en Europa. Está ganando transversalidad. Por eso corre el riesgo de perder visibilidad»
La alimentación también construye la competitividad europea
Pero ¿cuál es hoy la narrativa de la alimentación?; ¿Sostenibilidad? ¿Salud? ¿Bioeconomía? ¿Biotecnología? ¿Resiliencia? ¿Competitividad?
La respuesta probablemente sea: todas ellas. Y quizá ahí radique tanto su fortaleza como su principal desafío. Porque cuando un ámbito contribuye a demasiadas prioridades, corre el riesgo de diluirse dentro de todas ellas. La alimentación puede ser clave para la salud preventiva, para la bioeconomía, para la autonomía estratégica, para la competitividad industrial, para la valorización de recursos, para la seguridad de las cadenas de suministro y para la transición ecológica. Pero si aparece repartida entre todas esas agendas, ¿quién la reconoce como una prioridad estratégica en sí misma?
Esta es, quizá, una de las preguntas más relevantes para la próxima etapa europea. No si FOOD seguirá siendo importante. Lo será. Pero quizá la cuestión no sea únicamente si seguirá siendo reconocible. Quizá la pregunta relevante sea otra: ¿está sabiendo posicionarse dentro de las nuevas prioridades europeas? Porque mientras Horizon Europe se construyó en torno a grandes desafíos sociales y ambientales, las primeras señales de FP10 apuntan hacia una narrativa más vinculada a la competitividad, la capacidad industrial, el liderazgo tecnológico y la autonomía estratégica. Y esto plantea una reflexión incómoda. Cuando Europa defina las capacidades estratégicas que necesita para competir en 2040, ¿aparecerá la alimentación en esa lista? Porque las prioridades europeas están cambiando. Y quizá la pregunta que FOOD debe responder no es qué problemas ayuda a resolver, sino qué futuro ayuda a construir. En un contexto en el que Europa busca reforzar su competitividad y su autonomía estratégica, la alimentación no puede seguir siendo un activo invisible. Todos tenemos un papel que desempeñar: como consumidores, valorando y eligiendo productos de calidad; como empresas, apostando por la innovación y el desarrollo; como investigadores, generando conocimiento útil; y como responsables públicos, impulsando políticas que fortalezcan el sector. Cada decisión cuenta. Reconocer el valor de nuestros territorios, agricultores, ganaderos, industrias, sistemas de Calidad, etc. es también una forma de construir el futuro que queremos para Europa. Porque la alimentación no solo forma parte de nuestra economía: forma parte de nuestra identidad, nuestra resiliencia y nuestra capacidad para competir y prosperar
[1] EU competitive compass (2026) (https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/competitiveness-compass_en?utm_source)
[2] FoodDrinkEurope – Data & Trends of the European Food and Drink Industry 2024 https://www.fooddrinkeurope.eu/resource/data-trends-of-the-european-food-and-drink-industry-2024/
[3] Horizon Europe 2028 – 2034: twice bigger, simpler, faster and more impactful (2025) (https://research-and-innovation.ec.europa.eu/news/all-research-and-innovation-news/horizon-europe-2028-2034-twice-bigger-simpler-faster-and-more-impactful-2025-07-16_en?utm_source)
Del neón al laboratorio: cómo el plasma frío reduce microorganismos y desperdicio alimentario
Bueno… más o menos, aunque tienen algo importante en común: ambos fenómenos están relacionados con el plasma.
Y, ¿qué es el plasma exactamente? Se trata del cuarto estado de la materia, aparte de los que ya conocemos: sólido, líquido y gas. Es parecido al estado gaseoso, pero va un poco más allá, porque las partículas en el plasma se encuentran ionizadas, es decir, cargadas eléctricamente. El paso de gas a plasma lo conseguimos al aplicar energía a dicho gas. Si la energía aplicada es en forma de calor tendremos plasma térmico, y si es mediante otra fuente de energía, como eléctrica, entonces el plasma será frío o no térmico, alcanzando mucha menor temperatura que el primero.
Aunque pueda sonar algo lejano, seguro que en algún museo de ciencias habéis jugado con una esfera de plasma como la de la imagen.
Y… ¿cómo se aplica esto en el laboratorio? ¡Excelente pregunta! Como habíamos dicho, el plasma se compone de partículas con carga eléctrica: las especies reactivas, que serán diferentes dependiendo del gas que haya sido ionizado hasta plasma. En el caso del aire, las especies reactivas serán de nitrógeno y oxígeno, conocidas como RONS. Al tener carga eléctrica, son capaces de reaccionar con su alrededor, cambiando sus propiedades. Por ejemplo, si lo aplicamos a una superficie podemos llegar a modificarla para que sea más afín o repelente al agua.
Esfera de plasma. Fuente: National Geographic
Pero una de las aplicaciones más interesantes del plasma reside en su capacidad para descontaminar. Las especies reactivas pueden “atacar” microorganismos y enzimas, reduciendo así la carga microbiológica en multitud de escenarios, desde superficies y utensilios hasta ambientes, evitando, entre otras cosas, contaminaciones cruzadas.
Efectos del plasma frío en los microorganismos. Fuente: Food Eng Rev
Aparte de su sencilla aplicación ofrece otras ventajas como no dejar residuos tóxicos, ya que las especies reactivas, tras un breve periodo de tiempo, se vuelven a combinar volviendo al gas de origen.
Esto nos abre una gran ventana de posibilidades a la hora de inactivar microorganismos alterantes y, en algunos casos patógenos, causantes del deterioro de los alimentos al originar malos olores y sabores o cambios de color. Así, contribuimos a mejorar la seguridad alimentaria, prolongar la vida útil de los productos y, con ello, a reducir el desperdicio alimentario.
Aunque el plasma pueda parecer algo propio de la ciencia ficción, es una herramienta prometedora para mejorar la seguridad alimentaria y reducir el desperdicio de alimentos. En el área de Alimentación de CARTIF trabajamos precisamente en impulsar este tipo de tecnologías innovadoras que contribuyen a una industria agroalimentaria más segura, eficiente y sostenible.
En esta ocasión, además, nos llena de orgullo que Valladolid sea la ciudad elegida como sede para esta celebración, una ciudad y un territorio en el que CARTIF está firmemente implantado y desde el que trabaja para impulsar la innovación, en una región que cuenta con legumbres reconocidas con la figura de calidad Indicación Geográfica Protegida como la Lenteja de Tierra de Campos, la Lenteja de la Armuña o el Garbanzo de Fuentesaúco.
Esta es una oportunidad y un día para concienciarnos, más si cabe, sobre la importancia de las legumbres y el rol fundamental que desempeñan en nuestra alimentación y, de forma más amplia, en la transformación de los sistemas alimentarios hacia formas más resilientes, eficientes, inclusivas y sostenibles.
Particularmente, me encanta el lema con el que se anuncia la celebración de este año; Las legumbres del mundo; de la modestia a la excelencia. Y es que, en un mundo de tendencias refinadas y búsqueda de grandes placeres sensoriales, se ha diluido la esencia de la importancia nutricional y las raíces de un alimento de fácil disponibilidad, sencilla preparación, económico y cuyo consumo está ligado a múltiples beneficios de salud y medioambiente.
¿Por qué las legumbres son un pilar de la dieta saludable?
Legumbres y prevención de enfermedades metabólicas
Las legumbres son un pilar nutricional de primer orden: aportan proteína vegetal de calidad, hidratos de carbono complejos, fibra dietética, vitaminas del grupo B y minerales clave como hierro, zinc o magnesio. Su consumo regular se asocia con una mejora de la salud cardiovascular, un mejor control glucémico y un papel relevante en la prevención de enfermedades metabólicas. Además, su bajo índice glucémico y su elevada capacidad saciante las convierten en aliadas claras frente al sobrepeso y la obesidad.
Precisamente, la semana pasada, la Organización Mundial para la Salud (OMS) ha actualizado el concepto de dieta saludable con las últimas evidencias científicas y las directrices derivadas de dicha evidencia. La composición exacta varía según las características de cada individuo, el contexto cultural y los alimentos locales disponibles. Sin embargo, la OMS afirma que se deben integrar cuatro conceptos principales como son la adecuación; proporcionando los nutrientes esenciales suficientes; el equilibrio; la cantidad adecuada de proteínas, grasas y carbohidratos; moderación; limitando el consumo de alimentos perniciosos para la salud y la diversidad, incorporando diferentes grupos de alimentos.
No se me ocurre un alimento que cumpla más ampliamente estos criterios que las legumbres, ya que aportan nutrientes esenciales en cantidad adecuada, contribuyen a un correcto reparto de proteínas, hidratos y grasas en la dieta, favorecen patrones de consumo basados en alimentos mínimamente procesados y encajan de forma natural en dietas variadas y culturalmente adaptadas.
Innovación en proteína vegetal: extrusión, fermentación e impresión 3D
La innovación es una estrategia clave para crear valor en este ámbito y, sin duda, una estrategia para lograr un futuro estable para las legumbres. Hay una buena oportunidad para el impulso del consumo de legumbres a través de la tecnología de alimentos para facilitar su digestibilidad, biodisponibilidad de nutrientes y aceptación sensorial, aspectos en los que trabajamos activamente desde CARTIF mediante el desarrollo de soluciones tecnológicas avanzadas a través de la extrusión-texturización, impresión 3D, tecnología de membranas,fermentación o caracterización avanzada de proteínas vegetales.
Y no solo para nuestra salud, también para la del medioambiente
Las legumbres desempeñan un papel estratégico en los sistemas agrarios: fijan nitrógeno atmosférico, mejoran la fertilidad del suelo y reducen la dependencia de fertilizantes químicos, contribuyendo a sistemas agrícolas más sostenibles y resilientes. Integrarlas en rotaciones de cultivo favorece la biodiversidad y mejora la salud del suelo, clave en un contexto de cambio climático. La innovación tecnológica aplicada al campo, el llamado agritech (sensores, digitalización, agricultura de precisión o nuevas variedades más adaptadas al estrés hídrico) es fundamental para maximizar su potencial productivo. En este sentido y, en consonancia con estas necesidades, El agua, que ha pasado de ser un simple coste operativo a convertirse en un riesgo estratégico, en el cultivo de las legumbres, permite una mejor eficiencia hídrica.
Legumbres, Agenda 2030 y Objetivos de Desarrollo Sostenible
La FAO reconoce el potencial de las legumbres para contribuir al cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Así, las legumbres están directamente alineadas con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en especial con el ODS 2 (Hambre Cero), al ser una fuente accesible, nutritiva y sostenible de proteína. También contribuyen al ODS 12 (Producción y consumo responsables) y al ODS 13 (Acción por el clima), al reducir la huella ambiental de la dieta y favorecer modelos alimentarios más equilibrados. Para que este impacto sea real, es imprescindible la coordinación entre gobiernos, organismos y sector productivo, impulsando políticas agrarias, comerciales y de innovación que apoyen a quienes las cultivan y fomenten su consumo. Tecnología, conocimiento y tradición deben ir de la mano.
Te habrás dado cuenta que, con todo esto, hay un claro mensaje final unívoco y es, precisamente, una de las llamadas de la celebración de hoy; #AmaLasLegumbres.
Cuando hablamos de impresión 3D, lo primero que nos suele venir a la mente son piezas metálicas o prototipos plásticos. Pero, últimamente, hay un nuevo protagonista en escena: comida. Sí, lo que estás pensando… alimentos diseñados digitalmente e impresos capa a capa, casi como si fueran piezas de ingeniería.
Cuando comer se convierte en un reto
Para la mayoría de las personas, comer es un placer diario. Para más de dos millones de personas que sufrendisfagia, cada comida puede convertirse en un verdadero desafío: texturas inadecuadas, platos sin forma o con poca presencia visual pueden hacer que comer deje de ser un momento agradable. Imagínate enfrentarte cada día a este tipo de dieta… tu apetito seguro que también bajaría un poquito.
Además, la alimentación de otros grupos poblacionales también presenta retos. En el caso del público infantil, es esencial que los niños reciban los nutrientes necesarios para su desarrollo, pero adaptados a las texturas y sabores que más disfrutan. Lo mismo ocurre en misiones espaciales prolongadas, donde la dieta debe ser no solo nutritiva, sino también apetecible y variada.
Es en este contexto donde la impresión 3D cambia las reglas del juego: permite crear alimentos seguros, nutritivos y visualmente atractivos, pensados para las necesidades de cada persona.
Y dando un paso más, la impresión 3D también podría ser una forma de solventar la inseguridad alimentaria que sufren millones de personas, permitiendo concentrar nutrientes no disponibles fácilmente en alimentos elaborados a medida.
Disfagia
La dificultad para tragar alimentos, líquidos o saliva, afectando el paso desde la boca hasta el estómago, y puede ser causada por problemas neurológicos (como Parkinson, ACV), mecánicos (obstrucciones) o esofágicos (reflujo, estenosis).
Un taller creativo…comestible
La impresión 3D de alimentos no es simplemente una máquina que “proyecta un puré” sobre un plato. Es un auténtico taller creativo comestible, donde cada plato se diseña con un propósito: que tenga una textura especial y sea agradable a la vista… ¡y al gusto!
Con esta tecnología podemos trabajar con una amplia variedad de matrices alimentarias: purés de verduras, cremas, masas, proteínas vegetales o mezclas de cereales, entre otros.
Cada ingrediente se deposita de forma controlada para construir el alimento mediante capas con el objetivo de definir la estructura final del producto y obtener texturas adaptadas a cada necesidad. Sí, incluso un puré básico puede pasar de triste a digno de aplausos… o al menos de un “wow”.
«La impresión 3D cambia las reglas del juego: permite crear alimentos seguros, nutritivos y visualmente atractivos, pensados para las necesidades de cada persona.»
Impresión 3D de alimentos: de la máquina a tu plato
Si alguna vez has usado una manga pastelera, ya tienes una ligera idea de cómo funciona el sistema. La impresora deposita los ingredientes capa a capa siguiendo un diseño predefinido, con precisión de laboratorio. Todo se programa antes de pulsar el botón “imprimir” de una manera precisa para lograr la textura, forma, sabor, composición e incluso aporte nutricional.
Piensa en ello como un plato “a la carta”, pero en versión tecnológica: puedes jugar con formas, colores, densidades y sabores para que cada plato esté personalizado.
Pero, ¿qué hace que un alimento sea imprimible?
Aquí es donde entra la ciencia.
No es solo cuestión de “meterlo en la impresora y listo”: la textura y consistencia de cada ingrediente determinan la posibilidad de formar la estructura 3D y mantener su forma una vez impreso.
Viscosidad controlada: el ingrediente debe fluir con facilidad por la boquilla, pero mantenerse estable al depositarse. Es un equilibrio perfecto entre fluido y firme.
Elasticidad y cohesión: la textura final depende de que el alimento conserve su forma, permitiendo que sea fácil de masticar y tragar y, al mismo tiempo, agradable al paladar.
Y lo mejor de todo es que esta precisión, que permite crear alimentos a medida, abre la puerta a procesos más eficientes, optimizando el uso de recursos y reduciendo el impacto ambiental mediante;
El aprovechamiento de materias primas: se pueden valorizar subproductos o excedentes de la industria agroalimentaria, dándoles una nueva vida en forma de alimentos nutritivos.
La producción bajo demanda: solo se imprime lo necesario, reduciendo el desperdicio de alimentos por sobreproducción sin demanda.
La eficiencia en la formulación: cada receta se diseña con precisión, optimizando nutrientes y minimizando residuos, combinando nutrición y sostenibilidad.
En CARTIF entendemos la impresión 3D de alimentos como una tecnología que permite la innovación para explorar nuevas texturas, formas y posibilidades. Cada alimento que imprimimos es un paso hacia ideas más prácticas y creativas, demostrando que la innovación se construye poco a poco… capa a capa.
Cada 16 de octubre celebramos algo que nos une a todos: la alimentación. Este año, además, conmemoramos el 80º aniversario de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), una institución que desde 1945 trabaja incansablemente para garantizar el derecho a una vida digna a través de algo tan esencial como los alimentos. Ocho décadas después, el mensaje de la celebración del día Mundial de la Alimentación, sigue buscando la colaboración de todos los que formamos parte de los desafíos del sistema: “Mano a mano por unos alimentos y un futuro mejores”.
Una frase sencilla, pero cargada de responsabilidad compartida. Porque alimentar al mundo, de forma justa, sostenible y saludable, no es solo tarea de los grandes organismos internacionales. También nos implica a nosotros, en cada decisión que tomamos, en cada alimento que elegimos, en cada proceso de innovación. Cada pequeña contribución cuenta. Por eso, me pregunto y debemos preguntarnos: ¿cómo puedo ayudar?
Una mirada hacia la gran transformación de los alimentos
La forma en la que producimos, distribuimos y consumimos los alimentos define no solo nuestra salud, sino la del planeta. La reciente publicación del informe EAT-Lancet Commission 2.0 (2025), presentado hace unos días en el Stockholm Food Forum, vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de la necesidad de una “Gran Transformación de los Alimentos”, basada en tres pilares: salud, sostenibilidad y justicia.
La inclusión del pilar de la justicia no es casual, el contexto global en el que vivimos con una fuerte inestabilidad geopolítica, un encarecimiento de los alimentos, los impactos emergentes del cambio climático y otros efectos siguen agravando el aseguramiento de la alimentación y, por tanto, la salud humana. La injusticia social crece y la resiliencia de las naciones cada vez se tambalea más. Aunque los sistemas alimentarios actuales han logrado, en gran medida, acompañar el crecimiento de la población garantizando una ingesta calórica suficiente para muchos, son el principal factor de transgresión de los límites planetarios y necesitan una acción conjunta y urgente basada en dichos pilares.
El informe EAT-Lancet recuerda que “la adopción global de dietas saludables a partir de sistemas alimentarios sostenibles salvaguardaría nuestro planeta y mejoraría la salud de miles de millones de personas”, y advierte que, si no actuamos, el mundo corre el riesgo de no cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre otras acciones relacionadas con un futuro de la alimentación.
El profesor Johan Rockström, uno de los autores del estudio, lo resumía con claridad: “La producción mundial de alimentos amenaza la estabilidad climática y la resistencia del ecosistema. Constituye el mayor impulsor de degradación ambiental”. Sus palabras resuenan con fuerza en este aniversario de la FAO, que lleva ocho décadas recordándonos que los alimentos no solo deben nutrirnos, sino también proteger la tierra que los hace posibles.
Fuente: Twitter Johan Rockström
“La producción mundial de alimentos amenaza la estabilidad climática y la resistencia del ecosistema. Constituye el mayor impulsor de degradación ambiental”
Esta llamada a la acción no se dirige únicamente a gobiernos o instituciones. Nos interpela a todos: investigadores, productores, empresas y consumidores. Porque la alimentación no es un proceso aislado; es un sistema vivo e interconectado, donde lo que decidimos en un extremo tiene consecuencias en otro.
¿Cómo puedo ayudar?
Piensa que cada gesto cuenta. Terminar con el hambre, mantener nuestros ecosistemas, asegurar los alimentos del futuro y el impacto que esto tiene sobre el mundo. Es mucho, ¿no?
Comienza con las elecciones que hacemos cada día. Podemos elegir alimentos locales y de temporada, consumir más alimentos de origen vegetal, optar por agua del grifo o filtrada, comprar lo necesario y reducir el desperdicio alimentario, elegir envases reutilizables, elegir alimentos mínimamente procesados, valorar el esfuerzo detrás de cada producto que llega a nuestra mesa y apoyar prácticas agrícolas sostenibles.
Hacernos conscientes significa entender que la comida que elegimos es también una herramienta de cambio. En nuestras manos está contribuir a un modelo en el que la salud de las personas y la del planeta no sean objetivos contrapuestos, sino dos caras de la misma moneda. Esa conciencia, cuando se multiplica, transforma la acción individual en fuerza colectiva.
Infografía frutas de temporada. Fuente: https://www.mapa.gob.es/
CARTIF: innovación al servicio de un sistema alimentario justo y sostenible
En CARTIF, creemos firmemente que la ciencia y la tecnología son aliados fundamentales para alcanzar esa transformación. Por eso, trabajamos mano a mano con empresas, administraciones y sociedad para desarrollar soluciones tecnológicas que respondan a los grandes retos alimentarios y medioambientales de nuestro tiempo.
Desde nuestra área de Alimentación, trabajamos en la valorización de alimentos, promoviendo el aprovechamiento eficiente y sostenible de los recursos. Avanzamos en la descarbonización de los procesos industriales, impulsando tecnologías que reduzcan el impacto ambiental en la generación de nuevos alimentos. Además, en estos momentos somos parte activa del proyecto Vision4Food que surge para abordar los desafíos asociados a los sistemas alimentarios mediante el desarrollo de herramientas y modelos que nos ayuden a pasar de la estrategia a la acción en los territorios.
Solo me queda decir… ¡gracias por tu ayuda! Y que todos los días sean el feliz Día Mundial de la Alimentación.
¿Crees en las segundas oportunidades? ¡En CARTIF, creemos en la REvida!
Se conoce como bagazo al residuo que queda tras triturar, prensar o macerar frutos, semillas o tallos para extraer su jugo. Es un subproducto muy común en la elaboración de alimentos y bebidas como el vino, la cerveza o las bebidas vegetales. Hablamos con naturalidad de “bagazo de avena”, “bagazo de cerveza” o “bagazo de uva”, y sin embargo, en otros casos similares, usamos nombres específicos como okara o magaya. ¿Por qué ocurre esto?
La diferencia está en el contexto cultural y el uso histórico. Magaya es una palabra tradicional del norte de España —especialmente en Asturias y Galicia— donde la producción de sidra forma parte del día a día rural. Por su presencia continua y valor local, este residuo se ganó un nombre propio. Lo mismo ocurre con la okara, término de origen japonés que se refiere al residuo que queda tras elaborar leche de soja o tofu, muy presente en la cocina tradicional de Japón, Corea y China. Cuando un residuo se ha aprovechado históricamente en la alimentación o la vida cotidiana, y ha adquirido un valor social o económico, es común que reciba un nombre específico. Nombrarlo es reconocer su valor y su utilidad.
Magaya
Residuo de la manzana prensada utilizada para hacer sidra
Okara
Partes insolubles de los granos de soja que quedan después de filtrar el puré de granos de soja durante la producción de bebidas de soja o tofu
Existen más ejemplos de subproductos alimentarios con nombre propio que reflejan esa tradición de uso: el orujo, que es el residuo sólido de la uva tras su prensado y se emplea para destilar aguardientes; la harinilla, que resulta del tamizado de la harina y se utiliza en piensos; la salmuera, el líquido agotado tras la fabricación de quesos o encurtidos, rica en sales y nutrientes; la melaza, un subproducto espeso del refinado de caña o remolacha que puede destinarse a fermentación o a la alimentación animal; o los sueros lácteos, líquidos ricos en proteínas que quedan tras elaborar quesos y que se transforman en bebidas o suplementos. Puede que estos nombres suenen raros, pero todos ellos tienen algo en común: son subproductos, los “restos” que quedan después de elaborar algo… y que aún tienen mucho que ofrecer.
Personal de CARTIF en el laboratorio de alimentación haciendo ensayos con productos cárnicos
Darle una segunda vida o una segunda oportunidad a esos restos o residuos se llama valorizar. Se trata de convertir lo que parecía un final en un nuevo comienzo. Es REincorporarlos a la cadena de valor para que vuelvan a tener vida, una Revida. En CARTIF nos gustan los RE: los REtos de la innovación, los REstos de la industria alimentaria, la REcirculación de recursos y la REvalorización de residuos. Porque, para nosotros, tirar no es una opción. Y no solo porque desde este año está en vigor la nuevaLey de prevención de pérdidas y desperdicio alimentario, sino porque lleva 30 años en nuestro ADN innovar en soluciones para devolver este valor a la propia cadena de alimentación.
A partir de residuos de empresas cárnicas, obtenemos ingredientes de alto valor añadido como heparina, grasas funcionales o proteínas. De la magaya, extraemos pectinas naturales con aplicaciones alimentarias y cosméticas. Con la okara, desarrollamos snacks ricos en proteínas, saludables y sostenibles. ¿Y lo que sobra de todo eso? También lo valorizamos: lo transformamos en bioestimulantes para suelos agrícolas. ¿Y después, cuando ya hemos agotado todas las opciones? Lo seguimos aprovechando para producir biogás, hidrógeno y syngas, generando energía y cerrando así el círculo.
En CARTIF creemos que los residuos no son basura, sino recursos esperando una segunda oportunidad. Con innovación, ciencia y colaboración con la industria, demostramos que un modelo más circular es posible. ¿Te unes al reto de Revalorizar y ayudarnos a ponerle nombre propio a estos «bagazos»?