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Una de las principales actuaciones previstas en el desarrollo de este proyecto transfronterizo es restaurar y optimizar un humedal en la localidad de Flores de Ávila (Castilla y León), para poder reutilizar el agua procedente de la depuradora de este pequeño municipio y devolver el agua residual al río Trabancos con la calidad suficiente como para no alterar el ecosistema autóctono.
La construcción de este humedal artificial se enmarca dentro de una de las experiencias piloto del proyecto y se desarrolla de manera coordinada con la Confederación Hidrográfica del Duero, como participante también de Aquamundam.
Esta actividad tiene como objetivo demostrar que los productos desarrollados, en este caso el humedal, favorecen la gestión eficiente del ciclo integral del agua. Este piloto demostrativo, permitirá integrar los humedales como estrategia natural que permita diversificar los modelos de depuración, y comprobar su idoneidad para la eliminación de contaminantes emergentes en el tratamiento de aguas urbanas en zonas sensibles, aportando al mismo tiempo otros servicios ambientales.
El nuevo humedal artificial de flujo subsuperficial contará con cinco especies de plantasdiferentes, situadas en diez celdas, separadas por zonas con lámina de agua libre. Una de las zonas se plantará con la especie Phragamites australis y la otra zona se plantará con cinco especies diferentes para estudiar y evaluar el potencial depurador de cada una de ellas.
La planta depuradora contará con caudalímetros para estimar el caudal de entrada y salida y la evapotranspiración del humedal así como de una estación meteorológica que permita recoger datos climatológicos durante la ejecución del piloto.
Durante el desarrollo del proyecto se recogerán datos tanto físico-químicos, como microbiológicos. La monitorización de cada celda permitirá comprobar el efecto de la biodiversidad de las plantas sobre las comunidades microbianas responsables del tratamiento y, en última instancia la actividad metabólica y su efecto sobre el rendimiento de eliminación de contaminantes prioritarios y emergentes.
Con el desarrollo de esta tarea se pretende recoger información sobre la utilidad de este tipo de depuración como solución blanda e integrada en el ecosistema natural. La elección de este municipio pretende además comprobar la integración de los humedales artificiales en ecosistemas fluviales bajo condiciones extremas, la zona se encuentra en la cuenca del río Trabancos, río de carácter temporal que contiene la especie endémica Achondrostoma arcasii (bermuejuela), que servirá como indicador de la integración de este tipo de depuración en un entorno natural.
Para el año 2050 se espera que al menos un 25% de la población mundial viva en países afectados por la escasez crónica de agua dulce, por lo que este objetivo debe tomarse como un reto, responsabilidad de toda la sociedad y afrontarlo desde diferentes aspectos.
En un mundo en crecimiento constante, la demanda de agua va en aumento y, en consecuencia, la contaminación por su uso. En la mayoría de los países, más del 80% de las aguas residualesse vierten directamente a otros flujos de agua sin ningún tratamiento previo. Esto tiene consecuencias en la salud humana, la productividad económica, la calidad de los recursos de agua dulce ambiental y los ecosistemas (según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2017).
La gestión eficaz del agua se plantea como una herramienta esencial para alcanzar este objetivo, y la implicación de todos los agentes afectados es esencial para conseguir un agua sin contaminantes y accesible a todos. En este sentido, el tratamiento de las aguas residuales se plantea como una solución clave dentro de la gestión del agua, cuyo resultado puede tener grandes beneficios para la sociedad.
Una opción sostenible en el tratamiento de las aguas residuales, sobre todo en pequeñas poblaciones, es la utilización de humedales artificiales, sistemas naturales en los que la depuración de las aguas residuales se consigue mediante procesos químicos, físicos y biológicos que se desarrollan en el ecosistema suelo-agua.
Los humedales artificiales son sistemas diseñados y construidos para el crecimiento de plantas que, dispuestas en lagunas, tanques o canales poco profundos, facilitan la creación de un ecosistema propio encargado de la depuración de los contaminantes presentes
Estos sistemas de depuración se reconocen como artificiales ya que implican su diseño y construcción de manera controlada. En ellos se reproducen los mecanismos que ocurren de manera natural, pero en este caso el humedal se encuentra impermeabilizado para evitar pérdidas de las aguas residuales al subsuelo, el sustrato y las plantas presentes se seleccionan en función de la zona de ubicación y sus características climatológicas. Las especies vegetales presentes en este sistema de depuración han de ser tolerantes a la alta concentración de contaminantes y capaces de asimilarlos.
El agua a tratar pasa a través del humedal durante un tiempo determinado y allí la actividad bioquímica de los microorganismos, el aporte de oxígeno procedente de las plantas y la interacción con el material de soporte, (que funciona como soporte tanto para los microorganismos como para el componente vegetal, y como material filtrante) llevan a cabo la depuración y eliminación de contaminantes de las aguas tratadas.
Las especies vegetales utilizadas en estos filtros verdes, suelen ser en su mayoría macrofitas emergentes, como carrizos (Phragmites australis), juncos, (Scirpus lacustris), espadañas (Typha spp) y lirios, pero también plantas flotantes como la lenteja de agua (Lemna spp) o el jacinto de agua. También pueden utilizarse plantas sumergidas. La elección de las especies vendrá determinada por su adaptación al clima y condiciones locales de ubicación del humedal.
La importancia de la utilización de estos humedales radica, por un lado, en el bajo coste que supone su instalación y, por otro, un reducido coste de energía. Esto los hace muy útiles en pequeñas poblaciones, en los que la depuración de aguas residuales no se realiza debido a la falta de inversión en infraestructuras. Además, estos sistemas contribuyen a preservar ecosistemas que proporcionan condiciones para el desarrollo y preservación de la vida silvestre, acogiendo especies que en ocasiones han perdido o han visto deteriorado su hábitat original.
Actualmente, CARTIF participa en el proyecto Poctep Aquamundam en el cual, entre otras cosas, se pretende restaurar y optimizar un humedal en la localidad de Flores de Ávila (Castilla y León), para poder reutilizar el aguaprocedente de la depuradora de este pequeño municipio (para riego por ejemplo) y devolver el agua residual al río Trabancos con una calidad suficiente como para no alterar el ecosistema autóctono. Para comprobar la efectividad de este sistema de depuración, se estudiará la población de un pequeño pez, la bermejuela, natural de este río y que actualmente se ve sometida a estrés por las condiciones extremas en las que se encuentra el caudal del río en los últimos años.
El pasado 15 de junio fue un día de celebración doble en CARTIF. Por un lado, quisimos celebrar los 25 años del programa LIFE, único instrumento financiero de la Unión Europea dedicado en exclusiva al Medio Ambiente. Para nosotros han pasado ya 12 años desde la primera vez que nos fijamos en esta convocatoria y, desde entonces, hemos participado en 20 proyectos que pueden englobarse bajo los conceptos de economía circular, calidad del aire y huellas ambientales, te presentamos aquí los que están en plena ejecución.
Y como CARTIF nunca ha sido único beneficiario de estos proyectos sino que detrás de todos ellos está la colaboración con otras muchas entidades, ese día tuvimos la suerte de contar con varios compañeros de viaje, lo que hizo la celebración mucho más productiva en lo que a intercambio de experiencias se refiere ¡gracias desde aquí a todos ellos!
Y con 20 proyectos desarrollados en 12 años, ¿qué hemos aprendido?:
Que estos proyectos tienen 3 fases de vida: propuesta, proyecto y post-proyecto y que todas merecen la misma atención y dedicación de esfuerzos.
Que (ahora que no nos oyen desde el programa LIFE) la ecuación replicabilidad + sostenibilidad a largo plazo + impactos es el punto clave que puede hacer que este año tu propuesta resulte ganadora.
Además, nuestro proyecto LIFE COLRECEPS celebró también su conferencia final de resultados, presentando públicamente lo que hemos conseguido tras 45 intensos meses de ejecución inmersos en el apasionante mundo del poliestireno expandido.
¿Recordáis lo que os contamos hace un tiempo sobre el reciclado de plásticos? Hasta ahora, el proceso de recuperación de este residuo era mecánico, o bien se convertía en briquetas y se enviaba a China (piensa un momento en la carga ambiental de este transporte) o se molía para que solamente el 2% pudiera ser reutilizado. Con este proyecto hemos demostrado una novedosa tecnología (única en Europa) que permite el reciclado del 100% de los residuos y obtener nuevamente granza de poliestireno, apta para ser utilizada en la fabricación de nuevos productos plásticos, es decir, cerramos su ciclo de vida al completo.
Además, hemos desarrollado una base de datos real sobre la generación de estos residuos en Valladolid (¿sabías que se producen 202 t/año?) y nos hemos concienciado sobre la dificultad que existe para cuantificarlos. Y es que, todavía hoy, hablar de generar residuos es pecado.
Tuqueplast y Grupo Dia han sido los socios que han llegado al final del proyecto junto a nosotros, con algunos sinsabores en la ejecución. La implantación de la planta piloto, en las instalaciones de Turqueplast, ha derivado en algunos dolores de cabeza grupales pero los talleres que hemos realizado con los niños, nos han dejado momentos muy divertidos:
Llamémosle, por ejemplo, Pepito, 7 años, ante la pregunta “¿sabes en qué contenedor se debe tirar el plástico?” su respuesta fue “¡pues claro! ¡en el que me dice mi madre!”.
Y abrimos esta entrada dejando constancia por escrito de que no estamos patrocinados por una conocida marca de cervezas. Nos atrevemos a hablarte en imperativo porque queremos, literalmente, instarte a hacer lo que dice el título: pensar en verde.
A finales del año pasado, la compañía Pantone® (una autoridad en el ámbito del color) eligió el Greenery como el color del año 2017 y, haciendo un poco de prospectiva, nos hemos dado cuenta de que este color se está aplicando en multitud de conceptos que van más allá de la moda o las tendencias de decoración.
¿No te lo imaginas? Mira:
La tecnología también es verde. Hace ya un tiempo, os hablamos en el blog del concepto “re-naturalización de las ciudades” y de la importancia de desarrollar acciones inspiradas en la naturaleza para afrontar los desafíos ambientales en el día a día de los ciudadanos. En CARTIF ya teníamos un proyecto en marcha y la semana pasada comenzamos otro (apúntate el nombre: Urban GreenUp). Ambos implican que, en ciudades españolas como Valladolid y Alcalá de Henares, los muros verdes, los sumideros de carbono, los caminos vegetales y los módulos de polinizadores van a llegar para quedarse. Esto nos lleva a sugerirte que, si empiezas a ver soluciones tecnológicas basadas en la naturaleza dentro de tu ciudad, te animes a conocer más sobre ellas, que no te oigamos decir “¡ni se os ocurra poner una colmena en mitad de mi calle!”.
La psicología también es verde. Te animamos a conocer, interiorizar y aplicar el concepto de inteligencia ecológica. “La inteligencia ecológica es la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos posible a la naturaleza. Consiste en comprender qué consecuencias tienen sobre el medio ambiente las decisiones que tomamos en nuestro día a día e intentar, en la medida de lo posible, elegir las más beneficiosas para la salud del planeta. La paradoja reside en que cuanto más coherentes somos con su bienestar, más invertimos en el nuestro”. El psicólogo Daniel Goleman es el autor de esta frase y resume a la perfección la importancia de mirar a la naturaleza para favorecer el desarrollo sostenible, es decir, satisfacer las necesidades de nuestra generación sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas.
Las grandes multinacionales nos cuentan que quieren ser verdes. Y nosotros vamos a pensar que quieren ser verdes de verdad. Nos hallamos muy expectantes ante las últimas noticias surgidas sobre la compañía Apple®. En su última memoria de Responsabilidad Corporativa, parecen desvelar que llegar a fabricar su iPhone® con materiales reciclados se encuentra entre sus prioridades de futuro. Para ello, afirman estar trabajando en el (I+D)desarrollo de un nuevo robot ,en su línea de producción, que separe y recicle los materiales de un smartphone usado.
Pantone® nos define este color del año 2017 como “un tono refrescante y revitalizante que simboliza los nuevos comienzos” … ¿te animas a “probártelo”?
Define la RAE el verbo etiquetar como “colocar etiquetas o marbetes, especialmente a un producto destinado a la venta”. Cualquier usuario activo y comprometido con las redes sociales te contará que es muy importante usar las etiquetas correctas en tus fotos, ya que tu visibilidad está íntimamente relacionada con el buen uso que hagas de ellas. La utilidad, por lo tanto, de dar un mensaje claro, cuando de etiquetar se trata, está más que demostrada.
Hace un tiempo explicamos la importancia del etiquetado nutricional en la alimentación, por lo que aprovechando que ya estamos concienciados de la importancia de mostrar cuánto azúcar contiene un alimento y de cómo de elegir el hashtag adecuado ¿qué te parece si conocemos las etiquetas ambientales?
Los consumidores somos cada vez más exigentes y declarar el comportamiento ambiental de los productos, es decir, diferenciarlos a través de etiquetas ambientales, puede ser una opción muy interesante. Actualmente existen tres tipos de eco-etiquetas (con su correspondiente norma ISO) que caracterizan tanto la naturaleza de la información que dan, como el nivel de responsabilidad del declarante sobre ella (y de momento no son trending topic).
Veamos cuáles son:
Tipo I: Eco-etiquetas. Son certificaciones ambientales que consideran el ciclo de vida del producto. Son voluntarias, multicriterio y verificadas por un tercer agente que autoriza su uso y garantiza la veracidad de la información dada. Uno de los sistemas más utilizados es el esquema Eco-label y entre la multitud de productos y servicios que se pueden etiquetar están, por ejemplo, los geles de ducha.
Tipo II: Autodeclaraciones ambientales. Proporcionan información sobre un único aspecto ambiental de una sola etapa del ciclo de vida del producto, por ejemplo, el círculo de Möbius. La emite el propio fabricante, sin verificación externa independiente, por lo que la información proporcionada es responsabilidad plena de quien saca el producto al mercado.
Tipo III. Declaraciones ambientales de producto (DAPs). Se definen como un conjunto de resultados ambientales, basados en el Análisis de Ciclo de Vida y agrupados en un informe normalizado disponible para consulta pública, que verifica el desempeño ambiental de un proceso / producto.
Ahora visualízate en el pasillo de un supermercado, con un producto eco-etiquetado en la mano, leyendo la frase “mejor para el medio ambiente” y en tu cabeza resonando una pregunta “¿quién ha verificado esto, el mismo que lo fabrica?”. Pues no. Etiquetar no está separado de generar controversia, lo sabemos, por eso aprovechamos para contaros que toda empresa que quiera conseguir una etiqueta tipo I o III debe seguir un proceso riguroso y exhaustivo, que implica una certificación que pide la realización de un Análisis de Ciclo de Vida a su proceso y un tercer agente que verifique los cálculos realizados. En ningún caso es arbitrario y evitar el green-washing es un compromiso tácito.
Te animamos a comprobarlo #pequeñosgestosgrandescambios.
Es probable que muchos aprovechemos los fines de semana para dar un paseo por el bosque o la montaña. Al volver a casa, impresionados por la belleza del paisaje, es posible que hayamos reflexionado con tristeza en el enorme daño que los incendios forestales causan en estos espacios. Todos tenemos que ser un poco responsables y darnos cuenta de que los bosques son una importante fuente de recursos. Por esta razón hay que intentar preservarlos y mantenerlos en buen estado.
En el sur de Europa, los incendios forestales amenazan gravemente su sostenibilidad. Según ha recogido Efe verde, sólo en España la superficie forestal afectada por incendios en 2016, es de 61.359,9 hectáreas. Esta extensión de terreno equivale a más de 61.000 campos de futbol.
En el caso de los incendios involuntarios, esta situación es debida no solamente a las altas temperaturas que se alcanzan en verano, sino a la biomasa forestal abandonada en el bosque tras las actividades de explotación forestal. Es, por tanto, de suma importancia realizar trabajos de mantenimiento y limpieza de los bosques y las masas forestales, mediante aclarados, podas, limpiezas de bosques, etc.
Estas medidas pasan por la necesidad de desarrollar nuevas formas de aprovechamiento de estos residuos biomásicos generados por la industria forestal (aserraderos, industrias de primera transformación, fabricantes de productos elaborados de madera, fabricantes de corcho y de pasta de papel), que una vez recogida su materia prima, abandonan en el bosque.
Por esta razón, en CARTIF estamos trabajando en la búsqueda de nuevas tecnologías de aprovechamiento de la biomasa como fuente de energía renovable para la obtención de energía eléctrica y térmica, así como para la producción de nuevos bioproductos. De esta forma se aumenta el rendimiento de la madera, evitándose además, por una parte la erosión del suelo y aparición de enfermedades de los árboles y, por otra, la eliminación de focos de aparición de incendios forestales.
Esta es la línea que sigue el proyecto europeo LIFE EUCALYPTUS ENERGY. El objetivo principal del proyecto es el diseño y construcción de una planta de demostración que valorice energéticamente la biomasa forestal procedente de las cortas forestales de Eucalyptusglobulus, madera empleada en su mayor parte por la industria papelera.
Esta biomasa es, principalmente, biomasa de baja densidad (hojas y ramas) procedente de los aprovechamientos maderables de eucalipto y sobre la que, en la actualidad, no se está realizando otra acción que no sea su abandono en el monte. La idea que estamos aplicando en el proyecto EUCALYPTUS es emplear la tecnología de pirólisis -proceso por el cual se transforma la biomasa en ausencia de oxígeno- en un gas combustible que podrá aprovecharse en un motor para la obtención de energía eléctrica y térmica. Además, en este proceso se obtiene un subproducto sólido, el biochar, que se empleará en los montes como enmendante del suelo y mejorará sus propiedades.
Las razones por las que seleccionamos la biomasa de eucalipto y el lugar en el que se está realizando la construcción de la planta de demostración que es Tineo (Asturias), son principalmente porque la especie seleccionada cuenta con una gran presencia en la zona, alrededor de 53.000 ha. Sin embargo, esta experiencia es fácilmente replicable a otras zonas y a otros tipos de biomasa.
Sólo hay que fijarse en la superficie forestal arbolada existente, que sólo en España asciende aproximadamente a 18 millones de hectáreas, un 33% más que hace 25 años. Y también, sólo en España, se producen 6 millones de toneladas de residuos forestales en sus montes. Son números que en nuestra cabeza deberían hacer multiplicar por mucho las expectativas de aprovechamiento de esta biomasa y los beneficios que ello produce. No sólo hay que tener en cuenta el valor añadido que aportan los productos generados, sino también la creación de empleo que lleva asociado. El factor humano es importante, debido al progresivo abandono de las actividades “agrosilvopastorales” que se han producido en los últimos años, debido al éxodo rural.
Por tanto, quedémonos con algo positivo: la biomasa forestal puede generar una gran cantidad de beneficios. Ahora ¿sigues pensado que la biomasa es un residuo?