¿BIM para renovación?

¿BIM para renovación?

Las nuevas directivas europeas sobre eficiencia energética, que establecen en un 55% la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a alcanzar para el año 2030, están activando los proyectos de renovación profunda de edificios, ya que son en gran medida responsables de estas emisiones. Esta alta demanda de transformación del parque inmobiliario existente nos hace plantearnos la necesidad de ejecutar este tipo de proyectos de renovación en el menor tiempo posible. Además, no podemos olvidar la necesidad de ofrecer un adecuado balance de coste/beneficio para las intervenciones propuestas.

Y en este proceso de transición hacia edificios climáticamente neutros, ¿cómo puede ayudar el uso de nuevas tecnologías y la aplicación de metodologías como BIM (Building Information Modelling en su definición en inglés) en la realización de proyectos de renovación profunda? El uso de modelos BIM, tradicionalmente utilizados en edificios de nueva construcción, puede proporcionarnos una ayuda importante en la toma de decisiones a la hora de escoger las soluciones a implementar en los proyectos de renovación.

Este era uno de los objetivos principales del proyecto H2020 BIM-SPEED , mejorar los proyectos de renovación profunda de edificios residenciales, reduciendo el tiempo y los costes asociados de los mismos, y fomentando el uso de BIM entre los diferentes grupos de personas involucradas. Para ello, se estandarizaron procesos, con la creación de Casos de Uso, y se desarrollaron diferentes herramientas basadas en BIM que formaban parte del ecosistema de la plataforma web BIM-SPEED, así como material de formación sobre uso1. Para afrontar los problemas de interoperabilidad se implementaron diferentes ETLs (Extract, Transform and Load) y conectores BIM.

Marco de interoperabilidad entre las herramientas basadas en BIM (BIM tools) y la plataforma web BIM-SPEED, donde se muestra la conexión con las ETLs y conectores BIM (BIM Con.) implementados, Para garantizar la fiabilidad de los datos, diferentes herramientas de chequeo (Checker) fueron también aplicadas.

Asimismo, se pudo comprobar cómo de beneficioso resulta la combinación de técnicas de Machine Learning con modelos BIM para la toma de decisiones en los proyectos de renovación profunda, permitiendo seleccionar de un modo automático la opción de renovación más adecuada, en función de la regulación existente en cada país vinculada a la envolvente del edificio, así como una serie de parámetros de entrada definidos por el usuario sobre restricciones en la implementación2. También resultó de gran interés por parte de los usuarios finales la combinación del proceso Scan to BIM, con la creación automática de muros en BIM, utilizando nubes de puntos como datos de entrada3.

Y ahora, ¿qué más?

Las posibilidades que tiene el uso de modelos BIM no acaban con la fase de renovación del edificio. Estos modelos también pueden jugar un papel clave en la fase de operación y mantenimiento. El desarrollo de gemelos digitales de edificios basados en modelos BIM puede ayudar a la optimización y control de edificios para mejorar su rendimiento energético. En esta línea comienzan su andadura proyectos como BuildON, coordinado por CARTIF, y SMARTeeSTORY, éste último centrado en el control y optimización del rendimiento energético de edificios históricos no residenciales. En entradas posteriores os iremos contando los avances al respecto.

Si quieres conocer más información sobre el origen de los gemelos digitales, puedes leer nuestra entrada anterior del blog: «Del Apolo 13 a los gemelos digitales de los edificios»


1 https://www.bim-speed.eu/en/training-materials

2 Mulero-Palencia, S.; Álvarez-Díaz, S.; Andrés-Chicote, M. Machine Learning for the Improvement of Deep Renovation Building Projects Using As-Built BIM Models. Sustainability 2021, 13, 6576. https://doi.org/10.3390/su13126576

3 Álvarez-Díaz, S.; Román-Cembranos, J.; Lukaszewska, A.; Dymarski, P. 3D Modelling of Existing Asset Based on Point Clouds: A Comparison of Scan2BIM Approaches. In 2022 IEEE International Workshop on Metrology for Living Environment (MetroLivEn); IEEE, 2022; pp 274–279. https://doi.org/10.1109/MetroLivEnv54405.2022.9826964

El paradigma BIM: ¿aplicable al Patrimonio?

El paradigma BIM: ¿aplicable al Patrimonio?

El famoso paradigma BIM (Building Information Modelling) está en boca de todos los profesionales de la Arquitectura, la Construcción y la Ingeniería, pero cuando se escarba un poco son muy poquitas las empresas que realmente lo aplican en sus rutinas diarias y, de hacerlo, distan mucho de ser homogéneas. BIM sigue siendo habitualmente confundido con paquetes de software específicos o con un tipo concreto de modelos digitales. Pero es mucho más que “lo último” en delineación por ordenador o que una potente herramienta de visualización 3D.

El paradigma BIM proporciona una caracterización digital de edificios e infraestructuras a lo largo de todo su ciclo de vida. Las informaciones que manejan diferentes profesionales pueden ser añadidas de forma local o remota en cualquier momento para tomar las decisiones apropiadas, y en el instante apropiado, en base a un modelo 3D que permite un análisis multidimensional: 4D (evolución en el tiempo); 5D (costes); 6D (sostenibilidad -incluyendo eficiencia energética-) y 7D (mantenimiento).

Aunque todavía son escasos los estudios sobre cómo el BIM y sus innovaciones están extendidos a lo largo y ancho de Europa, la Directiva 2014/24/EU impone el llamado “BIM nivel 2” en todos los proyectos sujetos a licitación pública. Esto de “nivel 2” implica que ha de seguirse un proceso colaborativo para dar lugar a modelos específicos útiles y a disciplinas que tienen que sumar esfuerzos para abordar problemas concretos. Estos modelos 3D han de constar de datos gráficos (aquellos representados mediante recursos visuales) y de datos semánticos (aquellos adicionales que son significativos), además de la documentación asociada (por ejemplo, un plan director). Toda esta información ha de ser recogida e intercambiada digitalmente usando formatos estandarizados no propietarios, como es el IFC (Industry Foundation Classes).

En consecuencia, el Patrimonio construido está sujeto también al BIM a efectos de documentación, conservación y difusión, pero el carácter distintivo, la complejidad intrínseca de los inmuebles y la sensibilidad que se requieren para satisfacer sus demandas, conducen inevitablemente a particularizaciones tecnológicas y metodológicas que han llevado a acuñar el concepto de Heritage-BIM (H-BIM, o BIM para Patrimonio). El propósito del H-BIM es proporcionar un modelo 3D que sirva de «contenedor» de toda la información que se va generando a lo largo del tiempo por diferentes procedimientos, por diferentes personas y por diferentes fuentes (tanto hardware como software). El modelo recogería así el carácter multidisciplinar del Patrimonio, muy alejado de la sencillez y modularidad de la construcción convencional, y sería muy útil para estudiar, valorar el estado de conservación y planificar las intervenciones en los bienes de forma rentable. Todo un reto para un sector donde la digitalización es una asignatura pendiente.

Tecnológicamente esto supone afrontar muchos desafíos, empezando por la cantidad mínima de datos gráficos y semánticos que serían adecuados para respaldar las actividades propias del sector. Dos de los más importantes son:

  • La combinación de datos 3D con diferentes tipos de imágenes (termografías, fotografías de alta resolución o multiespectrales) para dar lugar a un modelo H-BIM útil para el análisis pormenorizado
  • El texturizado fotorrealista de modelos 3D para tener una representación exacta de la realidad.

Ambos aspectos están siendo trabajados desde CARTIF para ayudar de forma decisiva a empresas, gestores y administraciones públicas en la digitalización del Patrimonio Cultural.

Centros de datos: construyendo la infraestructura invisible que mueve el mundo

Centros de datos: construyendo la infraestructura invisible que mueve el mundo

En 2025, el volumen de datos creados y consumidos en el mundo superó los 180 zettabytes (un zettabyte son mil millones de terabytes) y se prevé que esta cifra se triplique entre 2025 y 2029. Esta explosión digital global ha situado a los centros de datos en el núcleo de la infraestructura crítica contemporánea. Desde el sector de la edificación, los centros de datos representan una de las tipologías constructivas de mayor especialización técnica. No se trata simplemente de levantar un gran almacén lleno de equipos: la estructura, la envolvente, las instalaciones eléctricas, los sistemas de refrigeración y los controles de seguridad deben funcionar con una coordinación casi quirúrgica. Y cada vez más, estos edificios deben hacerlo de forma sostenible.

Cada vez que enviamos un correo electrónico, consultamos el pronóstico del tiempo o pedimos que una inteligencia artificial nos ayude, esa petición viaja a un edificio que casi nadie suele ver. Un centro de datos (data center) no es el típico servidor de una empresa al final de un pasillo, es una infraestructura industrial de alta complejidad, con miles de servidores y multitud de sistemas auxiliares. Están diseñados para almacenar, gestionar y procesar ingentes cantidades de datos y garantizar que estén siempre disponibles, dando soporte a servicios digitales esenciales: desde plataformas en la nube hasta inteligencia artificial, pasando por banca, administración o industria conectada.



La construcción de un centro de datos varía drásticamente según su propósito y escala. No es lo mismo diseñar una instalación para una Pyme que un nodo masivo para un gigante tecnológico. Hay que distinguir entre diferentes tipos de centros de datos en función de diferentes características:

  • Empresariales (On-Premises), construidos y gestionados por la propia empresa para uso exclusivo, ofreciendo máximo control
  • De colocación (Colocation), donde el proveedor alquila espacio, energía y seguridad a diversas empresas, permitiendo externalizar la infraestructura
  • Cloud Data Centers (Nube), infraestructura virtualizada y alojada por proveedores de servicios en la nube (ej. AWS, Azure), enfocada en escalabilidad y bajo demanda
  • Tipo híbrido, que son una combinación de infraestructura física y servicios de nube, optimizando flexibilidad y seguridad
  • Servicios gestionados, que son aquellos donde el proveedor no solo alquila espacio, sino que gestiona activamente la infraestructura del cliente.
  • Hiperescala (Hyperscale), que son centros masivos diseñados para computación en la nube masiva y Big Data, operados por gigantes tecnológicos (Google, Meta, AWS)
  • Edge Data Centers, que son instalaciones más pequeñas y descentralizadas, ubicadas cerca del usuario final para reducir la latencia
  • Micro Data Centers, que ofrecen soluciones compactas, a menudo prefabricadas, para necesidades específicas o entornos limitados.

Esta clasificación se basa en el estándar Tier del Uptime Institute, que es la referencia global.

ClasificaciónDisponibilidadRedundanciaPerfil típico
Tier I99,671%Sin redundanciaPymes, oficinas
Tier II99,741%ParcialEmpresas medianas
Tier III99,982%Mantenimiento sin cortesColocación, cloud regional
Tier IV99,995%Total, tolerante a fallosBanca, defensa, hiperescala

    Uno de los aspectos más críticos de los centros de datos es su elevado consumo energético. Un centro de datos a hiperescala puede consumir tanta electricidad como una ciudad de 100.000 habitantes. Diseñarlos bien no es solo una cuestión técnica: es una responsabilidad colectiva. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) sitúa el consumo anual de los centros de datos en torno a 450 TWh, representando casi el 2% del consumo mundial de energía. Y las estimaciones indican que este consumo podría duplicarse de aquí al 2030.

    La eficiencia energética de un centro de datos se mide con el indicador PUE (Power Usage Effectiveness). Un PUE de 1,0 es el ideal teórico -toda la energía va a los servidores- y un PUE de 2,0 significa que por cada vatio útil se gasta otro en refrigeración, iluminación y otros sistemas auxiliares. El promedio de la industria ronda el 1,5, aunque los mejores centros modernos ya alcanzan valores entre 1,1 y 1,2.

    PUE (Power Usage Effectiveness) = Consumo total de energía de la instalación / Uso de energía de los equipos informáticos

    La refrigeración puede suponer entre el 35 y el 45 % del consumo eléctrico total del edificio. Por este motivo, la innovación en sistemas de refrigeración -refrigeración líquida por inmersión, intercambiadores de calor de dos fases, sistemas de enfriamiento evaporativo indirecto- es una de las líneas de investigación más activas y también uno de los ámbitos donde desde CARTIF vemos mayor potencial de transferencia tecnológica.

    El calor residual de un centro de datos no debe desperdiciarse; puede (y debe) ser reutilizado para sistemas de calefacción urbana (district heating) o para procesos industriales cercanos. Un centro de datos puede ser, literalmente, la caldera de un barrio entero. Proyectos europeos recientes demuestran que es viable inyectar ese calor en redes de distrito para calentar viviendas y edificios terciarios en invierno, convirtiendo un problema en un activo energético.


    Desde el punto de vista constructivo, los centros de datos difieren significativamente de los edificios convencionales. Su diseño está condicionado por tres factores clave: disponibilidad, seguridad y eficiencia. A diferencia de la edificación convencional, el proceso constructivo de un centro de datos se rige por la concurrencia crítica: la obra civil y la integración de sistemas complejos (eléctricos y mecánicos) deben avanzar en una coreografía perfecta. Los mayores retos que afronta este tipo de construcción especializada son:

    • Estructura y carga de suelo: los racks de servidores pueden superar los 1.500 kg/m². Las losas deben dimensionarse muy por encima de un edificio de oficinas convencional y el conjunto debe ofrecer soluciones constructivas robustas diseñadas para soportar riesgos externos (sismicidad, inundaciones, incendios).
    • Suministro eléctrico redundante: se requiere doble acometida de red, grupos electrógenos diésel o de hidrógeno, y sistemas UPS (SAI) de gran escala que garanticen ausencia de microcortes. Los cuartos eléctricos pueden ocupar el 30 % de la superficie total.
    • Refrigeración: este es el gran desafío ya que el calor disipado por los servidores es enorme. Los sistemas van desde el aire acondicionado de precisión (CRAC/CRAH) hasta la refrigeración líquida directa en rack, los techos fríos/calientes y las Free-Cooling towers, que aprovechan el aire exterior.
    • Seguridad física: otro aspecto crítico que debe incluir accesos biométricos, cámaras 360°, blindajes electromagnéticos (jaulas de Faraday), sistemas de detección precoz de incendios por aerosol o agentes limpios que no dañen los equipos y materiales de construcción con clasificaciones REI elevadas.
    • Gestión de cables e infraestructura: los suelos técnicos elevados y los falsos techos deben albergar kilómetros de fibra óptica y cableado, con compartimentación estricta y rutas redundantes.
    • Envolvente y eficiencia: hay que integrar fachadas con alto aislamiento, cubiertas que minimicen la ganancia solar y una orientación estudiada para aprovechar los vientos dominantes en estrategias de free-cooling pasivo. Por último, la disposición de salas técnicas, la orientación, y la integración de sistemas pasivos y activos deben optimizar el consumo energético global.

    El proceso constructivo de un centro de datos presenta particularidades que lo diferencian de otras tipologías edificatorias, principalmente por la necesidad de coordinar de forma precisa múltiples disciplinas que rara vez convergen en un único proyecto: ingeniería estructural de alta carga, sistemas eléctricos de media tensión, climatización de precisión, gestión BIM avanzada y tecnologías de monitorización. Tras una fase inicial de planificación y diseño altamente detallada -frecuentemente apoyada en metodologías BIM-, la ejecución se caracteriza por una secuencia muy controlada donde la obra civil y la instalación de sistemas críticos avanzan de forma paralela.

    La construcción suele iniciarse con una infraestructura base robusta (cimentaciones y estructura) capaz de soportar cargas elevadas y garantizar la estabilidad frente a vibraciones. Posteriormente, adquiere especial relevancia la implantación de sistemas eléctricos redundantes (centros de transformación, grupos electrógenos, sistemas UPS) y de climatización, cuya integración requiere espacios técnicos específicos y una ejecución extremadamente precisa. En fases finales, se llevan a cabo pruebas exhaustivas (commissioning) para verificar que todos los sistemas funcionan de forma coordinada bajo diferentes escenarios operativos, lo que resulta crítico antes de la puesta en servicio.

    El ciclo de vida de un centro de datos -desde la concepción hasta la operación y el desmantelamiento- es un terreno fértil para la aplicación de tecnologías emergentes. Estas son las más relevantes desde la perspectiva de la construcción e ingeniería de instalaciones:

    • Gemelos digitales y BIM. La metodología BIM (Building Information Modelling) es hoy absolutamente obligatoria en proyectos de centros de datos. Permite coordinar con precisión las instalaciones de todas las disciplinas antes de comenzar la obra, detectando colisiones y secuenciando los trabajos. El paso siguiente es el gemelo digital operacional: un modelo actualizado en tiempo real a partir de la sensórica instalada, que permite simular escenarios de fallo, optimizar la distribución de carga o gestionar el mantenimiento predictivo.
    • Construcción industrializada y modular. Los módulos prefabricados de centros de datos permiten mejorar la calidad y reducir los tiempos de puesta en marcha. Esta tendencia está siendo adoptada por los principales centros de datos como estrategia de escalado rápido.
    • Inteligencia artificial en la gestión y el mantenimiento predictivo. Los sistemas DCIM (Data Center Infrastructure Management) de última generación incorporan algoritmos de machine learning que optimizan en tiempo real el régimen de los equipos de frío, gestionan la distribución de carga entre servidores y predicen cuándo un componente va a fallar antes de que lo haga.
    • Refrigeración líquida directa (Direct Liquid Cooling). Ante la densidad de potencia de los nuevos procesadores de inteligencia artificial -que pueden superar los 400 W por chip-, el aire simplemente no es suficiente. Los sistemas DLC conducen agua o dieléctrico directamente hasta el procesador mediante placas frías, trasladando la gestión del calor al plano hidráulico y permitiendo recuperar ese calor a temperaturas útiles.
    • Energías renovables e hidrógeno. Las grandes corporaciones tecnológicas se han comprometido a operar con energía 100 % renovable, y muchos centros de datos incorporan plantas solares fotovoltaicas en cubierta o mediante contratos PPA (Power Purchase Agreement o Acuerdo de Compra de Energía). El hidrógeno verde emerge como alternativa a los grupos electrógenos diésel para la reserva de energía de larga duración, con los primeros proyectos piloto ya en marcha en Europa del Norte.

    La importancia de estas infraestructuras en la economía es incuestionable. En España, las inversiones previstas para este año superan los 8.000 millones de euros, con proyecciones que alcanzan los 67.000 millones para el final de la década. Un gran centro de datos no es solo un edificio: es un catalizador económico de primer orden. La construcción de un centro a hiperescala moviliza entre 400 y 2.000 puestos de trabajo directos durante la fase de obra, con una demanda intensa de perfiles especializados como electricistas industriales, técnicos de climatización, instaladores de redes de fibra óptica y operadores BMS (Building Management Systems).

    Una vez en operación, los centros de datos generan empleo estable y bien remunerado -técnicos de sistemas, ingenieros de instalaciones, operadores de seguridad- y pagan facturas eléctricas que contribuyen de forma significativa a los ingresos de las distribuidoras y a la fiscalidad local. España ha vivido en los últimos tres años una oleada de inversiones, especialmente en Madrid (que ya figura entre los cinco mayores hubs de datos de Europa), pero también en territorios como Aragón, Navarra o Galicia, que han activado ventanillas únicas y tarifas eléctricas favorables para atraer a los grandes operadores que además atraen a empresas tecnológicas que buscan cercanía a la infraestructura. En territorios como Castilla y León, con disponibilidad de suelo, acceso a energías renovables y condiciones climáticas favorables, existe una oportunidad clara para atraer este tipo de inversiones.

    Desde una perspectiva de política regional, invertir en este tipo de infraestructuras contribuye directamente a los objetivos de la agenda digital europea (Digital Compass 2030) y a la soberanía tecnológica, evitando que los datos de ciudadanos y empresas europeas residan exclusivamente en infraestructuras de terceros países.


    Como hemos visto, los centros de datos pueden ofrecer grandes beneficios que incluyen la creación de empleo directo en fases de construcción y operación, el desarrollo de infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones muy avanzadas, la atracción de empresas tecnológicas y startups y en general, un incremento de la competitividad regional.

    El sector de los centros de datos abre múltiples vías de negocio donde la colaboración entre la industria y los centros de investigación resulta especialmente valiosa:

    Consultoría técnica especializada. El mercado demanda arquitectos e ingenieros con formación específica en centros de datos. La escasez de este perfil en España es una oportunidad real para despachos y consultoras que inviertan en formación y certificación.

    Investigación en eficiencia energética. Desde centros tecnológicos como Cartif, hay un espacio muy relevante para desarrollar y transferir soluciones de optimización energética, recuperación de calor residual e integración con redes de energía inteligentes (smart grids).

    Materiales y sistemas constructivos avanzados. La industria demanda envolventes de alta eficiencia, soluciones de gestión hídrica para sistemas de enfriamiento evaporativo y materiales con certificaciones medioambientales rigurosas (EPD, cradle-to-cradle).

    Mantenimiento predictivo e inspección. El uso de drones con termografía, robots de inspección y plataformas de análisis de datos basadas en IA, para predecir el fallo de instalaciones críticas es un mercado en expansión y con alto valor añadido.

    Simbiosis industrial con el calor residual. La integración de centros de datos en redes de calor urbano requiere ingeniería de sistemas, acuerdos urbanísticos y modelos de negocio innovadores que son terreno propicio para la investigación aplicada.


    Los centros de datos son, paradójicamente, los edificios más influyentes de nuestra época y al mismo tiempo los más invisibles para la ciudadanía. Se levantan en polígonos industriales, se camuflan tras discretas fachadas y solo aparecen en los medios cuando algo falla. Sin embargo, cada búsqueda en internet, cada transacción bancaria, cada videollamada y cada petición a un modelo de inteligencia artificial pasa por ellos.

    Desde CARTIF, vemos en estos proyectos una encrucijada apasionante: la necesidad de construir más rápido, más eficientemente y de forma más sostenible, mientras la demanda crece a un ritmo que desafía cualquier previsión. La descarbonización del sector, la gestión inteligente de los recursos hídricos en regiones como Castilla y León, y la integración de los centros de datos en el tejido urbano y energético de las ciudades son desafíos que requieren exactamente el tipo de investigación aplicada y colaboración público-privada que es nuestra razón de ser.



    Cuando escuchamos los lamentos de los edificios históricos: del andamio al dato y del dato a la acción

    Cuando escuchamos los lamentos de los edificios históricos: del andamio al dato y del dato a la acción

    Cuando entramos en una catedral, paseamos por un monasterio o visitamos un castillo, pocas veces pensamos en todo lo que está ocurriendo en ellos “por dentro”. No vemos cómo la humedad sube lentamente por los muros, cómo los cada vez más recurrentes cambios bruscos de temperatura generan tensiones invisibles, o cómo una fisura milimétrica puede acabar siendo una grieta escandalosa con el paso del tiempo. Y, sin embargo, ahí es donde empieza muchas veces el deterioro del patrimonio.

    Conservar nuestros edificios históricos no es solo restaurarlos cuando aparece esa grieta o limpiarlos cuando una fachada está deslucida. Es, sobre todo, anticiparse. Entender qué les está pasando antes de que el problema sea evidente. Con esa idea nace el Modelo Integral de Monitorización Inteligente y Evaluación Predictiva de Riesgos en Bienes de Interés Cultural (MIMER-BIC), desarrollado por el Área de Patrimonio Cultural de CARTIF.

    Este modelo parte de algo en lo que seguro que todos estamos de acuerdo: para saber lo que le pasa a alguien, primero tenemos que escucharlo. Y si ese “alguien” es algo tan valioso como nuestros edificios históricos, escuchar significa medir. Sensores que registran la temperatura, la humedad, la luz (infrarroja, visible y ultravioleta), la calidad del aire, el crecimiento de grietas, la inclinación de los muros, las vibraciones, la presencia de insectos que atacan la madera, el número de visitantes o incluso las posibles intrusiones. Pero lo realmente innovador no es colocar sensores, sino transformar esos datos en información útil. El modelo convierte todas esas mediciones en indicadores claros y en índices de riesgo que permiten saber, con una escala sencilla de 0 a 100, si un edificio está en situación estable o si necesita una actuación prioritaria.

    Representación gráfica del modelo MIMER-BIC

    Gracias a esta metodología, es posible detectar si el ambiente interior está poniendo en peligro pinturas o retablos, si una estructura está sufriendo movimientos anómalos, si el exceso de visitantes está afectando al microclima, si un episodio meteorológico puede acelerar el deterioro exterior, si está empezando un incendio o si alguien ha entrado donde no debe. Ya no se trata de reaccionar cuando el daño es visible, sino de prevenirlo con tiempo y, sobre todo, con criterio.

    Detrás de este avance hay muchos años de investigación. El equipo de CARTIF ha trabajado intensamente en diferentes tecnologías como:

    • Escaneado 3D
    • HBIM
    • Conservación preventiva
    • Análisis estructural
    • Modelización de riesgos
    • Sensorización avanzada
    • Inteligencia artificial aplicada al patrimonio

    Pero este camino no lo ha recorrido en solitario. El trabajo codo con codo con empresas del sector (donde es especialmente destacable el papel de TRYCSA) ha sido clave para que el modelo no se quedara en el papel, sino que pudiera aterrizar en la realidad. Su experiencia práctica, su conocimiento técnico y su implicación han permitido que la propuesta metodológica se contraste, se ajuste y se convierta en una herramienta aplicable y eficaz.

    El resultado es un modelo original con una metodología propia (desde la definición de tipologías arquitectónico-funcionales y de las grandes familias de patologías, hasta la formulación de índices sintéticos de riesgo) que está protegido por la normativa de propiedad intelectual. Esta protección no es un mero trámite jurídico: es el reconocimiento de que estamos ante una propuesta pionera, con un alto valor científico y tecnológico para el sector de la conservación del patrimonio. Un modelo desarrollado en Castilla y León, pero con vocación claramente global y en la primera línea de la investigación aplicada al patrimonio cultural.



    En un momento en el que el cambio climático, la presión turística y la falta de recursos ponen a prueba la capacidad de conservación, disponer de herramientas que permitan priorizar, planificar y decidir con datos objetivos es más necesario que nunca. El modelo MIMER-BIC representa precisamente eso: una nueva forma de cuidar lo que es de todos, combinando conocimiento experto, tecnología y colaboración entre investigación y empresa. Porque al final, conservar el patrimonio no es solo mantener en pie edificios antiguos. Es proteger historias, recuerdos, y una identidad compartida. Y hacerlo con inteligencia hoy es la mejor garantía de que seguirán ahí mañana.


    La gestión forestal del futuro: un pilar para la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático

    La gestión forestal del futuro: un pilar para la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático

    Los bosques son uno de los pilares más valiosos de nuestro entorno natural. No solo proporcionan materias primas renovables como la madera o la resina, sino que también cumplen funciones esenciales para la vida: regulan el clima, actúan como sumideros de carbono, conservan la biodiversidad, protegen el suelo frente a la erosión y ofrecen espacios para el bienestar y el desarrollo rural.

    Sin embargo, estos ecosistemas se enfrentan a grandes desafíos. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, los incendios forestales o el abandono del medio rural amenazan su equilibrio. A ello se suman dificultades estructurales del propio sector forestal, como la competencia internacional, la escasez de mano de obra cualificada o la necesidad de mejorar la eficiencia operativa. En este contexto, la gestión activa de los montes es más importante que nunca. Un bosque bien gestionado es un bosque resiliente, capaz de resistir plagas, enfermedades y, sobre todo, incendios. Los devastadores fuegos de los últimos años han puesto de manifiesto la urgencia de modernizar el sector, avanzando hacia una transición digital y ecológica que permita transformar la silvicultura tradicional en una bioeconomía innovadora y sostenible.

    En regiones como Castilla y León, donde la superficie forestal representa una parte esencial del territorio, la gestión sostenible de los recursos naturales se ha convertido en una prioridad estratégica. Esta requiere no solo conocimiento técnico, sino también herramientas digitales avanzadas que faciliten la toma de decisiones y la optimización de los procesos. Los bosques no son solo paisajes naturales: son ecosistemas complejos que proporcionan beneficios incalculables, desde el mantenimiento de la biodiversidad hasta el sustento económico del medio rural. Además, su papel como sumideros naturales de carbono los convierte en aliados indispensables frente al cambio climático.

    Una gestión forestal moderna implica mucho más que conservar: significa planificar, monitorizar y adaptar los usos del territorio, apoyándose en el conocimiento, la tecnología y la colaboración entre administraciones, empresas, centros de investigación y sociedad. La transición ecológica y digital en este ámbito es una oportunidad para mejorar la eficiencia, prevenir desastres ambientales y consolidar una bioeconomía forestal que genere empleo y desarrollo en las zonas rurales.



    El impulso de la digitalización y el uso de tecnologías avanzadas —como los sistemas GIS, los modelos BIM o los espacios de datos— están transformando la manera en que entendemos y gestionamos los ecosistemas forestales. Estas herramientas permiten disponer de información precisa y en tiempo real sobre el estado de los montes, optimizar los aprovechamientos y reforzar la prevención frente a incendios y otros riesgos ambientales.

    Una de las innovaciones más destacadas es el desarrollo de sistemas de inventario forestal continuo, que permiten conocer en tiempo real las existencias, los crecimientos o el stock de carbono de las masas forestales. Gracias a la teledetección, la inteligencia artificial y el procesamiento de imágenes satelitales, es posible monitorizar millones de hectáreas, detectar cambios en el uso del suelo y planificar actuaciones de forma más eficiente.

    La digitalización también está cambiando la forma de afrontar los incendios forestales. Los sistemas automáticos de detección mediante inteligencia artificial, combinados con datos meteorológicos y satelitales, permiten generar mapas dinámicos de riesgo y mejorar la coordinación de los equipos de extinción. Todo ello reduce los tiempos de respuesta y aumenta la eficacia en la gestión de emergencias. La bioeconomía forestal, entendida como el aprovechamiento integral y sostenible de los recursos del bosque, encuentra en la tecnología un aliado decisivo. Desde aplicaciones móviles para la gestión en tiempo real hasta plataformas digitales de certificación o trazabilidad, la digitalización está redefiniendo la cadena de valor del sector. Las soluciones basadas en inteligencia artificial permiten automatizar procesos, mejorar la seguridad laboral y optimizar la logística forestal, impulsando así un modelo más competitivo y sostenible.


    La Unión Europea ha apostado firmemente por la transformación del sector primario a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por los fondos Next Generation EU. En este marco se enmarca la Orden MAV/626/2025, de la Junta de Castilla y León, que regula las subvenciones destinadas a la ejecución del proyecto RetechFOR, Red Tecnológica y Territorial para el monitoreo forestal y reducción de desastres ambientales como palancas para el desarrollo de la bioeconomía forestal, una de las iniciativas del programa RETECH, Redes Territoriales de Especialización Tecnológica, herramienta lanzada por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. El importe del proyecto es de 28,45 millones de euros, cofinanciados el 75 % por la Unión Europea y el 25 % por las comunidades autónomas de Castilla y León y Canarias.

    Esta iniciativa busca modernizar la gestión de los recursos forestales mediante el uso intensivo de tecnologías habilitadoras y la creación de una infraestructura de datos interoperable que conecte a administraciones, empresas y centros de investigación.

    El proyecto RetechFOR se enfoca en el desarrollo de soluciones avanzadas en tres ámbitos fundamentales. En primer lugar, el monitoreo y prevención mediante el uso de datos satelitales, sensores y algoritmos de inteligencia artificial para la alerta temprana y la generación dinámica de mapas de riesgo de incendios. En segundo lugar, la gestión del dato a través de la creación de un espacio de datos forestal interoperable, una infraestructura crucial para que la información fluya entre la administración, los gestores y la industria. Por último, la selvicultura de precisión mediante la implementación de un inventario forestal continuo que, mediante el uso de gemelos digitales, permita optimizar los aprovechamientos y la planificación forestal, asegurando una bioeconomía forestal eficiente y sostenible.

    Socios proyecto RetechFOR

    En el marco de esta iniciativa y con el objetivo de asegurar la mejor implementación tecnológica, CARTIF colabora activamente en la ejecución del proyecto AG-RetechFOR. Este centro tecnológico está liderando el desarrollo de espacios de datos forestales que garantizan la interoperabilidad, soberanía y trazabilidad de la información, elementos fundamentales para el éxito de la transformación digital del sector.

    La participación de CARTIF en el proyecto RetechFOR se centra en tres áreas clave que resultan esenciales para la modernización del sector forestal. En primer lugar, el diseño e implementación de conectores interoperables que facilitan la integración segura de datos heterogéneos procedentes de múltiples fuentes, permitiendo que información dispersa pueda ser consolidada y analizada de manera eficiente manteniendo la soberanía y gobernanza de las fuentes de información.

    En segundo lugar, el desarrollo de plataformas digitales para la gestión del patrimonio natural, incorporando tecnologías de sistemas de información geográfica multicapa que permiten la visualización y análisis integrado de información geoespacial. Estas herramientas resultan fundamentales para comprender la complejidad territorial y tomar decisiones informadas sobre la gestión de los recursos naturales.

    Finalmente, la aplicación de metodologías de modelado de información para la construcción en la gestión digital de infraestructuras forestales críticas representa una innovación significativa. Esta aproximación permite crear representaciones digitales precisas de instalaciones forestales, facilitando su mantenimiento, optimización y planificación a largo plazo.

    La capacidad técnica de CARTIF, combinada con el cumplimiento de estándares europeos en materia de espacios de datos, posiciona al centro tecnológico como un actor estratégico para la transformación digital sostenible del territorio. Su contribución resulta clave para construir un ecosistema forestal más resiliente, eficiente y competitivo en Castilla y León, demostrando que la innovación tecnológica y la sostenibilidad ambiental pueden y deben ir de la mano.