Hacia comunidades energéticas escalables, inclusivas y eficientes
Las Comunidades Energéticas Locales (CELs) se han consolidado como una herramienta clave para impulsar una transición energética más justa y participativa. Más allá de producir energía renovable, permiten que ciudadanos, pymes y administraciones colaboren para generar y gestionar energía priorizando beneficios sociales, ambientales sobre los económicos.
Sus ventajas son claras:
Promueven inversiones compartidas desde un enfoque “bottom-up”
Impulsan una transición justa, abordando pobreza energética e inclusión social
Aumentan la penetración renovable y la fiabilidad del sistema multienergía
Abren la puerta a modelos innovadores como flexibilidad o intercambio P2P
En España, el ecosistema muestra un crecimiento significativo: en 2024 se constituyeron 200 nuevas CEL, alcanzando un total de 659. Sin embargo, la mayoría siguen centradas en autoconsumo fotovoltaico, mientras que ámbitos como movilidad, rehabilitación, almacenamiento o tecnologías térmicas continúan siendo minoritarios. Además, muchas cuentan con menos de 50 miembros, lo que limita su escala.
«En España se han constituido un total de 659 CEL, las últimas 200 constituidas en 2024 pero ,muchas cuentan con menos de 50 miembros, lo que limita su escala»
Este contexto evidencia un avance notable, pero también un reto decisivo: la participación ciudadana.
En este marco, la Red Urban-MOME plantea una pregunta clave: ¿cómo pueden las herramientas digitales mejorar la escalabilidad, la participación y la eficiencia de las comunidades energéticas? Responder a esta cuestión implica ir más allá de la tecnología y entender las necesidades, barreras y motivaciones de las personas.
La creación de una CEL no es solo un desafío técnico. Existen barreras de conocimiento, gobernanza, financiación e implicación de actores. Como se ha señalado con acierto: “Una CEL sin miembros no es una comunidad”. Generar interés, consolidar un grupo motor y mantener la motivación colectiva resulta esencial. Sin participación activa, la comunidad energética pierde su capacidad transformadora.
Herramientas digitales para comprender, participar y decidir
En este contexto, la digitalización se convierte en un elemento estratégico. Las herramientas digitales pueden facilitar la comprensión de las distintas soluciones disponibles, visualizar impactos económicos y ambientales y apoyar procesos participativos transparentes.
Entre las más relevantes destacan:
herramientas de análisis, predicción y gestión energética
sistemas de medición y verificación de ahorros
visualización de huella ambiental y reducción de emisiones
estrategias de gamificación para fomentar proactividad
plataformas de apoyo a la toma de decisiones colectivas
Estas herramientas permiten traducir la complejidad técnica en información comprensible, ayudando a que los ciudadanos entiendan no solo cuánto pueden ahorrar, sino también qué impacto social y ambiental genera su participación.
LocalRES: herramientas flexibles para todos
El proyecto LocalRES sitúa a las Comunidades de Energías Renovables como actores clave para liderar la descarbonización mediante la participación y sensibilización ciudadana.
Dentro del proyecto se ha desarrollado una herramienta de planificación energética que permite a las comunidades catalogar activos, diseñar escenarios futuros y evaluar impactos en costes, emisiones, sostenibilidad y seguridad energética.
Su principal innovación es el doble enfoque: apoyar a expertos y decisores con una visión global, y al mismo tiempo permitir que los ciudadanos visualicen decisiones individuales (como instalar bombas de calor o paneles solares) y comprendan sus impactos.
Así, la digitalización se convierte en un puente entre complejidad técnica y acción ciudadana.
El verdadero desafío es diseñar soluciones digitales adaptadas a las necesidades reales de las personas, capaces de transformar información en comprensión, comprensión en participación y participación en impacto colectivo.
Figura 1. Trazado de las redes de calor de Valladolid. Fuente: SOMACYL
La resaca del COVID-19 nos dejó una crisis de suministro con largas colas de compra (no solo en el supermercado) que ha incrementado los precios de equipos, y todo tipo de componentes. Además, el conflicto armado entre Rusia y Ucrania ha originado una crisis energética en la que los precios del gas no dejan de aumentar.
Ante esta incertidumbre y el creciente miedo a pasar frío en invierno, algunas comunidades de vecinos se han puesto en marcha para conectarse a redes térmicas de distrito (o redes de calor). En Aranda, por ejemplo, 1950 viviendas se conectarán a una red térmica de biomasa. Lo mismo ocurre en Valladolid, donde se están instalando nuevas redes de calor en los barrios de Huerta del Rey, Parquesol y Villa del Prado. En otros barrios, según RTVE, las comunidades de vecinos están decidiendo apagar la calefacción central ante la subida de precios, lo que podría provocar un aumento de personas en situación de pobreza energética. En este contexto esto último significaría que las personas pasen frío en sus casas por miedo a una factura energética elevada.
Pero ¿qué son las redes de calor?
Las redes de calor o redes térmicas de distrito son instalaciones de producción de calor (o frío) que suministran la energía a cada vivienda a través de tuberías subterráneas. Entre las mayores ventajas, en comparación con los sistemas individuales (las calderas de casa habituales), encontramos que las redes térmicas permiten la integración de fuentes de energía renovables para aumentar la independencia del exterior de combustibles fósiles, reducir las emisiones y abaratar costes para los usuarios finales. Otros beneficios incluyen la retirada de equipos individuales de los espacios interiores, lo que implica más espacio útil disponible dentro de los hogares, y el poder ofrecer un servicio de suministro independiente de los combustibles fósiles (y sus subidas de precios). Su principal desventaja es que suelen requerir obras aparatosas para preparar la instalación de tuberías, tradicionalmente implicaba construir plantas de producción de grandes dimensiones con chimeneas altas y estéticamente poco atractivas, y que, sencillamente, no son conocidas entre el público general, ni los beneficios que pueden proporcionar (especialmente en el caso de España).
Entonces ¿afectan al panorama urbano de las ciudades?
La respuesta es que no necesariamente. Dentro de la iniciativa New European Bauhaus (NEB) se pretende mejorar la calidad de vida de los ciudadanos a través del fomento conjunto de los principios de Belleza, Sostenibilidad e Inclusión en nuestro entorno, algo equivalente al bueno, bonito y para todos.
Estos principios están enfocados en reconectar con la naturaleza, recuperar el sentido de pertenencia y fomentar la participación, sostenibilidad y circularidad. En el caso de las redes de calor, este enfoque integral se puede conseguir de distintas maneras.
En cuanto al pilar de sostenibilidad, en las redes térmicas se puede incrementar el uso de fuentes de energías renovables (geotermia, solar térmica, biomasa, biogás, recuperación de excedentes de calor de la industria) como se está haciendo a nivel general en el sector para reducir las emisiones de CO2 y otros contaminantes, pero también, por ejemplo, a través de la revalorización de las cenizas o residuos forestales.
Por lo que se refiere a la dimensión social e inclusión, al integrar alternativas más sostenibles y suministrar calor o frío a un gran número de viviendas, se puede propiciar un suministro de calor o frío asequible, seguro y flexible, reduciendo así los casos de pobreza energética. Además, la digitalización y la combinación de redes con comunidades energéticas promueven la participación ciudadana y su inclusión en la transición energética, donde se puede debatir, dar feedback, involucrar en estrategias de gestión de la demanda e incluso fomentar que los usuarios se conviertan en prosumidores de calor.
Pero ¿y cómo podrían hacerse bonitas las redes de calor? En CARTIF, hemos encontrado que, a través de la generación de espacios verdes (como parques) o espacios multiusos, se puede conseguir que las plantas de generación sean espacios bonitos integrados en el panorama urbano, culturales o educativos. Además, es posible reducir el impacto visual de las redes de calor enterrando las instalaciones, y con ello también el posible rechazo social asociado a la componente estética de estas redes de suministro.
Y para muestra, un botón – Caso de estudio en Heerlen, (Países Bajos)
Un ejemplo muy ilustrativo de la aplicación con éxito de los principios de la New European Bauhaus a las redes de calor es la red de Heerlen (Países Bajos), que suministra calor y frío a 350 hogares gracias a la energía geotérmica. Esta red cuenta con pozos a distintos niveles de temperatura que le permiten suministrar calor en torno a los 40ºC en invierno y 16ºC de frío en verano. La instalación utiliza las antiguas minas de carbón como almacenamiento térmico subterráneo y aprovecha también los excedentes de calor de una industria siderúrgica cercana, que de otra forma se perderían en el ambiente. Esto aplicada a España solo sería posible de promover si primero se aislaran las casas para poder bajar la temperatura necesaria para calefacción y, con ello, bajar la temperatura de las redes térmicas de distrito. En Heerlen, en cada subestación cada usuario contaría con un sistema de calefacción auxiliar (que podría ser bombas de calor) para satisfacer su demanda térmica. Por lo que su generación es sostenible y garantiza precios asequibles a los ciudadanos.
Por otra parte, la central de generación de esta red cuenta con una estética moderna e innovadora que se integra con el entorno urbano y es parte de un edificio multifuncional que incluye un supermercado, un café, una sala de conferencias y una biblioteca. De esta manera, lejos de suponer un impacto visual negativo o provocar rechazo, se ha convertido en un punto de encuentro icónico de la ciudad.
Figura 2. Diseño exterior de la planta de red de calor de Heerlen (Países Bajos). Fuente: Smart Cities Marketplace
Todo este trabajo que se muestra sobre redes de calor hacia un futuro más sostenible, inclusivo y bonito, es posible gracias a que CARTIF está participando en varios proyectos estudiando las redes térmicas de calor desde diferentes perspectivas. Entre ellos, REUSEHEAT y REWARDHEAT, donde se demuestran las redes de calor de nueva generación con la integración de recuperación de calor de diferentes fuentes, un proyecto junto a la JRC para estudiar la perspectiva NEB en redes de calor en Europa, o la plataforma de la misión de ciudades NetZeroCities, donde CARTIF dará soporte a ciudades para promover este tipo de iniciativas.
Si quieres saber más o necesitas ayuda sobre la iniciativa NEB o redes de calor, ¡Cuenta con nosotros!
CARTIF es Centro de Excelencia Cervera, otorgado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y del CDTI, bajo el expediente CER201910.
Coautora
Andrea Gabaldón: Investigadora de energía. Experiencia en modelado energético de sistemas en edificios y distritos, redes térmicas de distrito, distritos de energía positiva y comunidades energéticas. Trabaja en proyectos europeos como LocalRES, ATELIER y NETZEROCITIES