Actualmente tanto la calidad del aire como el cambio climático son dos temas que interesan y preocupan a los municipios. Aunque están estrechamente relacionados, se trata de problemas diferentes que requieren herramientas de análisis y estrategias de actuación específicas. Para diseñar políticas adecuadas a la situación real de cada ciudad no existen medidas ni decisiones genéricas a emprender, sino que es imprescindible contar con unos valores numéricos objetivos para poder actuar de manera eficiente y justificada.

En ambas cuestiones intervienen numerosos gases emitidos por las actividades humanas, aunque no todos tienen el mismo efecto. Por un lado, están los contaminantes atmosféricos que afectan directamente a la calidad del aire (óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de azufre, amoniaco o incluso partículas en suspensión, que, aunque no son gases, tienen un importante impacto sobre la salud). Por otro lado, están los gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso o los gases fluorados, cuyo principal efecto es contribuir al calentamiento global.

Pero ahora vamos a centrarnos en los gases que deben considerarse en las políticas municipales de lucha contra el cambio climático y de avance hacia la neutralidad climática, sin olvidar que otros contaminantes resultan fundamentales para las políticas de calidad del aire y protección de la salud.



Si bajamos a nivel químico molecular y analizamos las propiedades de estos gases, observamos que algunos contaminantes atmosféricos tienen efectos directos sobre la salud humana, mientras que determinados gases de efecto invernadero presentan una elevada capacidad para retener calor en la atmósfera y contribuir al calentamiento global. Pero si nos centramos en los inventarios urbanos vinculados al consumo energético, por volumen de emisiones y por presencia en las principales fuentes emisoras, el gas de referencia suele ser el dióxido de carbono. De hecho, cuando se consideran conjuntamente todos los gases de efecto invernadero, sus emisiones se expresan habitualmente como CO₂ equivalente (CO₂eq), una unidad que incorpora el diferente Potencial de Calentamiento Global (Global Warming Potential, GWP) de cada gas y permite compararlos bajo una misma referencia.

La prevalencia del dióxido de carbono en los sectores energéticos hace que sea el gas predominante en la mayoría de inventarios urbanos. Sin embargo, en sectores como la gestión de residuos, las aguas residuales o determinadas actividades agrícolas y ganaderas, el metano y el óxido nitroso pueden representar una parte significativa de las emisiones.


Para conocer dónde se originan estas emisiones y poder reducirlas de forma eficaz, los municipios elaboran Inventarios de Emisiones de Referencia (IER). Estas herramientas permiten cuantificar las emisiones asociadas a las diferentes actividades desarrolladas en la ciudad y constituyen el punto de partida para diseñar políticas climáticas basadas en datos.

En la metodología que empleamos en CARTIF, el inventario organiza la información en tres ámbitos principales: el ámbito del ayuntamiento, el ámbito de análisis del PACES y el ámbito municipal. El primero evalúa las emisiones de los diferentes sectores del propio ayuntamiento, como áreas del mismo, transporte, flota propia, producción energética propia, etcétera. El segundo lo denominamos de esta manera puesto que la clasificación viene heredada del Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible (PACES), una estrategia impulsada en el marco del Pacto de los Alcaldes que ayuda a los municipios a reducir sus emisiones, mejorar la eficiencia energética y adaptarse al cambio climático. Y finalmente el ámbito municipal, que consta de aquello que no entre en el anterior, como puede ser típicamente industria o agropecuario (primario), aunque hay que tener en cuenta que no es una clasificación rígida.


¿Qué es un Inventario de Emisiones de Referencia (IER)?

Un inventario de emisiones municipal es una herramienta que cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades de una ciudad. Permite identificar los principales focos de emisiones y diseñar políticas climáticas basadas en datos para avanzar hacia la neutralidad climática.




Dentro de cada sector de cada ámbito, los cálculos de estas emisiones deben confrontar dos obstáculos importantes: por una parte, la disponibilidad de los datos necesarios, donde por ejemplo los datos del ayuntamiento están directamente accesibles mientras que datos como los consumos de combustibles fósiles en industria o en viviendas requieren procesos de estimación y desagregación estadística, ya que normalmente no están disponibles con el nivel de detalle municipal necesario. Por otra parte, para ciertos ámbitos como el transporte, es imprescindible trabajar con información como el callejero de la ciudad o una selección de nodos de comunicación para generar datos de forma indirecta que permitan realizar una evaluación estadísticamente coherente. Todo ello pone de manifiesto la importancia de contar con equipos especializados capaces de combinar datos procedentes de distintas fuentes, aplicar metodologías reconocidas internacionalmente y obtener inventarios consistentes y comparables en el tiempo.

En la mayor parte de los sectores urbanos, especialmente los relacionados con el consumo energético, las emisiones se estiman a partir de la energía consumida (o producida). No obstante, existen sectores como la gestión de residuos, determinados procesos industriales o algunas actividades agrícolas donde las emisiones se calculan mediante otros parámetros específicos. Cada fuente energética o actividad dispone de un factor de emisión específico que relaciona la unidad de consumo o actividad (kWh de electricidad, litros de combustible, Nm³ de gas natural, toneladas de residuos, etc.) con las emisiones generadas, expresadas en toneladas del gas correspondiente o, cuando se agregan distintos gases de efecto invernadero, en toneladas de CO₂ equivalente (tCO₂eq).

Dentro de cada sector, los resultados de consumo y emisiones se obtienen normalmente por fuente de energía empleada y, cuando procede, mediante subdivisiones adicionales, como tipos de vehículos en transporte o áreas municipales en equipamientos. Además, resulta útil presentar valores agregados por ámbito y por año, lo que permite visualizar la evolución temporal de los consumos y emisiones desde el año de referencia (llamado “baseline”) hasta el último año disponible.


Desde CARTIF hemos llevado a cabo diversos estudios de emisiones para ciudades, tanto dentro de la iniciativa del Pacto de los Alcaldes —como en el caso de Logroño— como mediante estudios específicos para ayuntamientos, como Ponferrada. Estos trabajos proporcionan una fotografía objetiva del punto de partida de cada municipio y constituyen la base para desarrollar Planes de Acción, evaluar riesgos climáticos, priorizar inversiones y medir el impacto real de las políticas públicas de mitigación y adaptación al cambio climático


Francisco Javier Miguel Herrero
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